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PRIMER
CONCURSO DE CUENTOS DE ECILDA PAULLIER
Organizado por: MASCEP |
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| AMIGOS
QUE NUNCA SE PIERDEN - Los Petisos ...Mención... Categoría
Escolares |
Todo
marchaba normalmente, parecía una tarde de primavera como
todas las que hasta ese momento habíamos vivido.
Me encontraba camino a la casa de Juan. Al llegar a ésta,
me contó la gran sorpresa; Marcos vendría en el
vuelo quinientos catorce que arribaría a las dieciocho
horas procedente de EEUU! A los cinco minutos estábamos
preparando todo para recibir a nuestro mejor amigo.
Nosotros nos encontrábamos muy nerviosos, ya que hacía
siete años que no lo veíamos, teníamos muchas
expectativas. Nos preguntábamos si él recordaría
aquellos momentos en los cuales nos reíamos de nosotros
mismos hasta que nos dolía la barriga y aquellas largas
conversaciones en las que hablábamos de nuestros estudios
y también de lo que haríamos al día siguiente.
Nos reuníamos para charlar de todo, o simplemente por el
solo motivo de estar juntos.
Con Juan teníamos la esperanza de encontrarnos con Marcos,
ese viejo y tan querido amigo, y de sentir que las cosas no habían
cambiado.
Ya teníamos casi todo pronto, el cuarto que le habíamos
preparado tiempo atrás quedó ¡genial! Estaba
adornado con globos colgados por todos lados, fotos por aquí
y por allá, era la muestra de nuestros viejos tiempos,
en especial aquella de primer año cuando ingresamos temerosos
a la escuela que pasaría a ser nuestra segunda casa. Sin
lugar a dudas era la más importante, allí estaban
todos los compañeros, algunos se convertirían en
amigos de los cuales pasados los años nos iríamos
separando por diferentes motivos, pero también estaban
los que aún hoy comparten nuestra vida.
Y ahora esperamos al amigo que luego de muchos años de
ausencia estará delante de nosotros.
A las diecisiete horas nos preparábamos para ir al aeropuerto
a recibirlo con los brazos abiertos.
La mamá de Juan nos llevó en su auto, y allí.
. . ¡estábamos!
La ansiedad por el encuentro se hacía cada vez más
intensa, cuando por fin anunciaron el arribo del vuelo quinientos
catorce. Pero. . .el último pasajero descendió y
ese no era Marcos.
La preocupación nos invadió, no teníamos
su último teléfono, y nuestra pregunta era: si había
asegurado que vendría, ¿por qué no llegó?
Recuerdo que esa noche cada uno marchó para su casa y ninguno
pudo dormir pensando en los posibles motivos de su ausencia: -¿le
habrían robado el pasaporte?, ¿tuvo un accidente?
¿o un rapto?.
Al otro día Juan llegó a casa muy intranquilo, conversábamos
sobre que podíamos hacer ya que no debíamos quedarnos
con los brazos cruzados:
¡Marcos era nuestro amigo! Nos disponíamos a buscar
una solución cuando sonó el timbre. Al abrir la
puerta, con sorpresa y alivio lo vimos, había llegado un
día después de lo anunciado. Nuestra alegría
fue tan grande que no atinábamos a nada, pero él
estiro los brazos y nos unimos en un abrazo enorme. . .
Más tarde le contábamos las ideas macabras que se
habían cruzado por nuestras mentes. Él, sonriendo,
nos explico que nada de eso había sucedido, y que debido
a una confusión de horario no pudo llegar a tiempo para
abordad el avión.
Ese día, fue uno de los más felices de nuestras
vidas, charlamos hasta altas horas de la noche.
La verdad, reencontrarnos con nuestro viejo amigo y sentir que
nada cambió es algo ¡GENIAL!
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| AMOR
A PRIMERA VISTA - El Grillo |
Mi
caballo blanco galopaba inquietamente porque una mosca impertinente
le picaba insistentemente el lomo. De la tropilla era mi predilecto.
De pelaje suave y andar brioso (era el más compadre de todos)
les cuento que cierto día decidió ir a la peluquería “LA POTRANCA
ROSA” para hacerse los claritos. El sabía que en un camión llegaría
una yegua que había visto en un embarque y ahora la quería deslumbrar.
Al arribar aquel y al aproximársele ¡allí nomás! calló desmayado
era más hermosa de lo que él observó de lejos. Al despertar, con
rabia vio que ella estaba coqueteando con otro caballo que viajaba
en el mismo vehículo y se puso furioso, además los otros equinos
relinchaban a más no poder riéndose de su mala suerte. Entonces
decidió le propuso un duelo a su aparente rival, una carrera desde
donde estaba la tropilla hasta el borde Este de la laguna Roja.
Se haría a todo galope sin más. Y . . . llegó el gran momento,
se vino la carrera, el Rey (como se llamaba el otro caballo) aventajaba
ampliamente a mi enamorado corcel pero. . . en el último tramo
“mi coqueto” se adelanto dejando atrás a su oponente. Finalmente
ganó la carrera, cansado, sudoroso y feliz fue en procura de su
premio: una hermosa yegua que ya nadie separaría de él. |
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| ANDREA
Y SU COMERCIO - QUICK SILVER |
Había
una vez una señora llamada Andrea, era muy trabajadora. Se levantaba
a las 6:30 hs., a desayunar, luego de 7:30 a 23:30, atendía el
supermercado, que estaba ubicado en la calle principal, de un
pueblo muy pero muy tranquilo. . . Sus habitantes tenían buen
poder adquisitivo, y todos trabajaban Era frecuentado por peones
de estancia, chacareros, tamberos, queseros porque en el “super”
encontraban los rubros más variados y el horario era continuado,
todos compraban en él. Un día, cerca de las 21:15 hs., la cajera
Manuela, acomodaba el dinero para llevar al cofre de seguridad
cuando de imprevisto, llegó alguien corriendo y se lo arrebató.
Fue tal el susto que tardó algunos minutos en reaccionar, llamó
entonces a la señora Andrea y a la policía. Ésta recorrió el pueblo,
pero no encontraron nada sospechoso en esa noche oscura. . . No
lo podían creer, parecía una película, “Hermanos y detectives”,
pasaban cosas como en otros lugares, pero en el pueblo, nunca
habían sucedido La señora Andrea y su esposo Maximiliano, cerraron
más temprano. Lloraron mucho, sentían rabia, impotencia. Tantas
horas de esfuerzo, para que en un minuto el ladrón se llevara
el dinero, que tenían para pagar a sus proveedores. No fueron
fáciles los días posteriores, para estar seguros y protegidos
colocaron alarmas, rejas en ventanas y puertas y cámara de video.
. . . Lamentablemente éste hecho no fue el único, en el correr
de los días se produjeron, hurtos en otros comercios y fincas
particulares, cuando sus dueños se ausentaban. La gente, cansada
de tanto atropello se reunió con la policía para tomar medidas
en conjunto, quedó claro que todos tenían que colaborar. Si veían
a alguien en actitud sospechosa debían avisar a aquella. En algunas
cuadras los vecinos pagaban guardia de seguridad, que realizaba
la vigilancia nocturna. En algunos caso la misma era diurna para
poder salir los ocupantes por tiempo prolongado y tranquilo. Fue
así que los habitantes del pueblo se dieron cuenta, que si se
unían podían recuperar la tranquilidad. “Todo cambia, la realidad
social requiere del esfuerzo de cada uno de nosotros para mejorarla”. |
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| CHICOS
TRABAJADORES - Pulgarcito |
Había
una vez una familia muy numerosa compuesta por la madre y siete
hijos, eran muy pobres. Aquella trabajaba en limpiezas y no tenía
trabajo fijo, no quería hacerlas pero debía alimentarlos. El más
grande deseaba trabajar pero su madre no lo permitía porque tenía
apenas doce años. Pero su firmeza ¡no duró por mucho tiempo! Comenzó
a enfermar y tuvo que dejar sus labores, entonces el hijo que
creía chico para el trabajo tuvo que hacerlo para sustentar a
la familia. Al pasar el tiempo su madre empeoró. Los médicos decían
que esas dolencias con una importante y costosa operación en el
exterior desaparecían. Sus hijos tomaron la noticia con dolor,
pero reaccionaron y todos comenzaron a buscar distintos tipos
de trabajos, pero lo que iban reuniendo no les alcanzaba ni para
empezar entonces se les ocurrió realizar una campaña de pedido
de ayuda. Mientras tanto la madre era cuidada con esmero por la
hermana mayor quien no veía posibilidad de salida. Luego de una
semana la sonrisa de los niños ilusionaba el hogar, había llegado
y superado la recaudación y ahora estaba pendiente recuperar a
esa madre que un día habían tenido sana. Aprontaron rápidamente
lo mínimo necesario y ni la tempestad de viento y agua que azotaba
el lugar los detenía para salir. Una tía acompañó a la paciente
en el viaje, en la operación se despego de ella hasta firmada
el alta. Los niños, vecinos y amigos esperaban noticias todos
los días hasta que ¡al fin! Luego de tres semanas llegó la más
ansiada: recuperarían a su madre sana. Lloraron con lágrimas de
alegría y amor sabiendo que todos juntos seguirían trabajando
para seguir unidos y felices y aprendieron que con esfuerzo todo
se puede. |
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| CONFUSION
EN EL CAMPO - Flor del Pago |
| En
un potrero de mi casa, teníamos dos vacas con cría. Sus respectivos
hijos, eran ambos bien negros, sin ninguna pequeña mancha. Un día,
mientras pescaba con mi hermano, observamos a las dos vacas topándose,
parecían que estaban discutiendo algo muy serio. Y no le erramos.
El motivo de la discusión, fue que a una le faltaba su ternero,
entonces, las dos, comenzaron a tironear por el único que estaba
a la vista. El que faltaba, estaba durmiendo muy tranquilo, dentro
de un espeso y calentito pajonal. Se oían reclamos e insultos, claro,
en lenguaje de vaca, pero hasta se podía adivinar (por los gestos)
lo que se decían, nada aconsejable para repetir una niña como yo.
Le pedí a mi hermano que las separase, pero no quiso,- que se entiendan-
dijo – yo vine aquí a pescar, atiéndalas tú, que eres mujer como
ellas. Pero, cuan más enfurecidas estaban, ocurrió algo que cambió
la situación. Desesperándose, muy tranquilo, el causante de aquel
enredo, salió de su escondite, como si nada pasara. Al verlo, la
madre, inmediatamente paró la pelea, disculpándose con la otra vaca
y el hijo de ésta. Luego, se acercó a su hijo, le hizo unos mimos
y se alejó del lugar de los hechos. (Seguramente un tanto avergonzada).
Yo me quedé pensando: debes estar seguro de lo que haces, antes
de juzgar a los demás. Y aunque no lo creas, en la Naturaleza, también
hay errores, debemos tener nuestros ojos atentos para verlos. Errar
no solo es humano, también es “animalario”. |
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| DESPUES
DE MEDIO SIGLO - "Madrugada" |
Esta
historia no transcurrió en Chamizo, ni en Rincón del Pino, ni
en Carreta Quemada; ocurrió en otra zona del departamento. Allí
vivían dos jóvenes: Aníbal y Dolores. El amor los visitó muy temprano.
Les iluminó el rostro, les puso pajaritos en todo el cuerpo y
les llenó el corazón de dicha y de miedos. Éstos, se justificaron
al poco tiempo, dado que la familia de Dolores, decidió por ellos.
Pero fue imposible separarlos, se amaban locamente. Entonces lo
inesperado: a Dolores se la llevaron lejos, tan irremediablemente
lejos, que Aníbal no pudo alcanzarla, ni siquiera por carta. Pasó
el tiempo. . . Cada cual hizo su vida como pudo, resignación,
fracaso y dicha a intervalos, como ocurre con tanto ser humano.
Y se fuero los años, al cabo de los cuales por esas cosas aún
inexplicables, ambos, solos, se encuentran en un Hogar de Ancianos.
Y deciden vivir aquel amor, por tanto tiempo postergado. ¿Y lo
lograron? No lo sé Solo sé que Dolores corrió a su cuarto, como
una adolescente y escribió este poema, con el mayor entusiasmo:
Quisiera amarte ahora
que hay tiempo todavía
quisiera amarte ahora
cuando aún sigo viva.
Quisiera
amarte ahora
que no es del todo tarde
porque mi cuerpo añora
el calor de tu sangre
Porque
en mi piel aflora
la inquietud y la calma
y en mis labios ahora
todavía hay fragancia
Quisiera
amarte ahora
porque yo sé que existes
quisiera amarte ahora
porque ahora es posible
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| EL
GUANTE MAGICO - POC.PAO ...Mención... Categoría Adultos |
Bailaba,
y lo hacía solo, sin música, se movía acompasadamente
paradito en un solo dedo, como bailarín de ballet.
Todo él estaba lleno de armonía, su calor y su textura
sin igual, increíblemente hecho para acariciar, era aterciopelada
y con brillo de luna llena.
Tenía aroma que parecía provenir del reino único
de los perfumes, y era como si todos ellos se confundieran en
uno solo, muy suave y perceptible; ¡inolvidable!
A pesar de su belleza no tenía compañero, quizás
fuera por ello que danzaba para no aburrirse. . .
Pero un día, su vida solitaria pareció cambia, su
dueña una anciana menuda, parlanchina que vivía
con sus siete gatos, tres perros y un loro en una casa tan pequeña
con ella, lo regaló a su nieta Lina, entonces debió
marcharse sin pena ni gloria de esa casa tan pequeña como
su dueña.
La jovencita lo llevó y parecía feliz con su pertenencia,
pero. . . pasaron los días y él quedó cautivo
en una caja rectangular, liviana, con caras llenas de arabescos
extraños que le dieron gran repulsión y miedo el
día que los vió allí, quietos, entrelazados
hasta el punto de no saberse cuál era cuál.
Quedó olvidado allí, en esa celda diminuta de paredes
algo frágiles y oscuras, sin poder moverse y menos aún
bailar a su gusto. . .
Su oscuro destino podría haber seguido así por siempre
pero. . . quiso la casualidad que la caja cayera casi sin ruido
abriéndose, entonces por el angosto pasadizo pudo con sigilo,
sin prisa aparente salir de allí y lograr la luz y con
ella la libertad.
No sabía la causa por la cual había caído,
pero, al verse intacto y seguro en el suelo, ello no le importó
pues ahora estaba afuera y eso sí tenía valor.
Percibía un aroma suave y dulce a jabón de rosas,
estaba en el dormitorio de Lina, que era más pequeña
que la casa de su anciana dueña. Se veía prolijo,
y desde su dimensión le pareció ordenado. Todo hacía
pensar que su dueña era muy cuidadosa.
De pronto oyó pasos y asustado se fue achicando más
y más quedando como un ovillo de terciopelo no atreviéndose
a mover, desconfiando sobre lo que podía suceder.
Pero. . Lina lo vio y le llamó la atención. Al levantarlo
con delicadeza él se estremeció, reconocía
el contacto de esas manos, eran las que lo habían llevado
a prisión sin más.
Sin embargo, aquella al percibirlo lo acurrucó y luego
muy lentamente fue desplegando uno a uno sus blandos y dóciles
dedos que se dejaban llevar por las caricias que sentía
como necesarias y únicas luego de tan angustiosa soledad.
. .
Cuando al fin lo vio tan cual era, la jovencita lo reconoció
y en señal de agradecimiento, comenzó a bailar como
solamente él sabía hacerlo.
Con deleite y asombro Lina lo miraba incrédula mientras
proseguía los giros y se doblaba rozando la palma tibia
y volvía a levantarse con loco frenesí.
Bailó tanto, que cayo extenuado casi inerte. Asustada y
con prisa aquella busco la cajita musical recuerdo de la abuela
Lili y la abrió, entonces la melodía tantas veces
escuchada invadió la habitación; era los arpegios
de Claro de Luna, y mágicamente fue sacándolo de
su inercia, se incorporó, apoyó uno de sus dedo
y se dejó llevar por la música. Bailó otra
vez para su compañera, sabiendo que ahora lo hacía
para alguien, y que siempre sería así, porque esa
era su gran pasión; ¡BAILAR!
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| EL
MOUSTRUO GIRATORIO - Orion ...Segundo Premio... Categoría
Adultos |
Mi
infancia transcurrió donde nací, en la Ciudad de
Artigas, en la frontera con Brasil.
En mi memoria, la casa donde vivíamos estaba siempre llena
de gente mayor, de niños, de animales domésticos,
plantas y música.
Nuestra imaginación era entonces una máquina de
inventar juegos, de correr descalzos sobre las calles de piedras
calientes del verano, de pasar todo el horario escolar pensando
en el campito. . . en la pelota. . . en las cometas. . .en las
bolitas de colores que íbamos a ganar. .
El taller zapatero y casa de los Abuelos era un surtidísimo
refugio que estaba al lado, donde podíamos pedir lo que
nos faltaba para completar los deberes o alguna travesura.
Andábamos siempre con la cara sucia de chocolate “Garoto”
y llevábamos en los bolsillos medio derretido, las “rapaduritas
de chala”.
De la diversidad de sensaciones que pobló nuestra vida
de niños, recuerdo: la alegría del carnaval, zamba
caipirinha-, la feixoada y el dulce de guayabos que hacía
mi Madre, con la fruta que cosechábamos colgados de las
ramas de uno de los árboles del patio.
El “disco-duro” de mi oído tiene grabados todos
los sonidos de esa etapa. Lo hago presente y disfruto cuando con
mis hermanos, volvemos a hablar con ese tonito arrastrado de eses
que solo tienen los fronterizos. A cada frase de nuestra charla
aparece la cadencia final típica que transforma lo hablado
en canto.
La experiencia de vida estaba perimetrada en la geografía
de la hermanad Artigas-Quaraí.
Recién a los trece años me llegó –
por fin- la oportunidad de viajar, con Miguel, mi hermano mayor,
a la capital del país: Montevideo.
Fue para mí algo por demás significativo, grandioso,
esperado, soñado.
Iba a vivir personalmente las historias del mar de Playas Ramírez
y Pocitos, los juegos del Parque Rodó, el Mausoleo, el
Estadio Centenario, y otros lugares de los que tenía referencias
solamente por las anécdotas testimoniales de familiares
y amigos.
Un apronte singular, despedidas y luego de viajar en ómnibus
toda la noche, amanecimos en Sayazo, el barrio donde vivía
María Magdalena, mi Abuela paterna.
Pero mi inocente cultura no había calculado lo difícil
que iba a ser enfrentarme a las novedades, costumbres y exquisitos
avances tecnológicos de la gran urbe.
Todo me avasallaba a ritmo acelerado, me perdía en los
grandes espacios, me mareaba con el olor que desprendían
la infinidad de vehículos y me erizaba la piel esa atmósfera
fresca impregnada de sales marinas.
Para prevenir insucesos y disimular mi condición de “forastero”,
me recostaba, en todo momento, no literal, sino físicamente
a mi hermano, ya más baqueano de Montevideo.
Y así sucedía, como premisa obligatoria, adonde
él iba yo lo seguía, lo que él hacía
yo imitaba.
El sabía más, era mi guía, mi sostén.
A la semana ya conocíamos el barrio, algunos niños,
la placita y el supermercado. Recorridos y paradas del “145”
formaron parte de nuestros primero aprendizajes montevideanos.
En ese ómnibus, después de una hora, y de pasar
por Pocitos, nos bajábamos en Ciudad vieja, así
fuimos ganando orientación y manejo en la formidable Ciudad.
Un día vimos que la Abuela se había levantado temprano
y estaba “vestida para salir”
Desayunamos y ella nos dijo:
“Bueno, hoy tenemos que ir al Banco del Litoral, en 18 de
Julio ¿qué les parece si me acompañan?”
En dúo le contestamos con un sí grandote.
Hicimos un recorrido que no conocíamos, pasamos por el
Palacio Legislativo que nos pareció monumental y nos bajamos
frente a otro impresionante, la Intendencia.
Caminamos entre mucha gente y llegamos hasta el Banco.
Cuando enfrentamos el moderno edificio, inmediatamente me “parapeté”
con mi hermano, era conciente de la realidad: “estaba frente
a un enemigo declarado”, pues la puerta principal, la única
de acceso al público era ¡”giratoria”!,
nunca había cruzado una, tenía miedo. . y para colmo
nadie más que yo lo sabía.
“La tenía a mi frente”, devorando personas.
En pocos segundos debía pensar como enfrentar al “Monstruo
Giratorio”, que lógicamente a mis ojos lo veía
enorme, metálico y abominable, de alas filosas y amenazantes.
Vino a mi mente “Don Quijote de la Mancha”, el capitulo
de los molinos de viento con los cuales lidiaba el Ingenioso Hidalgo,
y me afirmé en la idea de que él no estaba tan perdido
de la razón.
Aquel coloso “Monstruo” agazapado en furia, me observaba
fijo, tan gobernante, seguro y celoso de la entrada a su territorio,
parecía un hambriento cíclope troglodita.
Allí incrustado, en su guardia de acero, cables y hormigón,
con incesantes giros vertiginosos. No descansaba en su misión
de vigilancia.
¿Lo habrían colocado allí para cuidar al
dinero y tesoros de los montevideanos?!!. . .
La batalla fue en código de silencio, el pánico
se apoderó de mi cuerpo y sentidos, y se agravó
la situación cuando perplejo observé que como una
ráfaga mi Abuela había sido como “atraída”.
. . “absorbida” y “consumida” por el Monstruo.
La conclusión en mi mente fue inmediata y espontánea.
. . “si ahora engulle a mi hermano. . . me quedo solo”,
¿cómo los encuentro?, más aún ¿cómo
me rescatan?
No hubo tiempo suficiente para planificar la defensa, y ni pensar
en atacar aquella bestia; no tenía otra opción,
debía a cualquier costo, cruzar la puerta.
Por sentido natural de superviviencia mi organismo, apenas atinó
a doblar las rodillas hasta que mis manos se llenaron con trozos
de baldosas y piedras de la vereda. . .
Al primer movimiento de mi hermano, pues él era mi garantía,
de un salto me pegué a su espalda, un poco como abrazándolo
y mucho como empujándolo, y logré ingresar “de
a dos” en una de las cuatro “bocas” de la puerta,
que giró unos grados y. . .se detuvo. . .
¡Se había atorado!
Por instantes “tartamudeo” el mecanismo electro-mecánico.
El Monstruo “irritado”, amenazaba rugiente con atraparnos
en los oscuros engranajes de su estómago.
Pudo haber sido la transpiración que corría mi cuerpo,
pero estoy seguro que intentó diluirnos en su jugo gástrico
que despedía un penetrante olor a hierro, aceite y humedad.
Con poco aire y espacio, mi hermano rezongaba y me espetaba reproches,
a mi nada más me importaba que salir de las fauces de aquel
animal robotizado y encontrar a mi Abuela.
Felizmente, forzado e impulsado los movimientos de la puerta,
pasamos al interior del banco.
La abuela, ya cicratizada de nuestras travesuras, que había
obervado lo sucedido, tan solo reía.
Con un pañuelo me secó la transpiración que
brotaba a chorros y me mojaba la cara.
El “mano a mano” a muerte con el Monstruo Giratorio
había terminado, le había ganado valiéndome
de la ayuda de mi hermano.
La puerta detrás de mí seguía girando y haciendo
ruidos, creo que para impresionarme.
Me sobrevino la sensación que el Monstruo había
intuido mi temor, utilizando esa importante arma a su favor.
Supo ser tan estratega.
El desquite sucedió no hace mucho, cuando volvimos a Montevideo.
Pude comprobar por mi mismo que los Monstruos Giratorios habían
sido desplazados de las oficinas Públicas, edificios y
locales comerciales. Y sustituidos por puertas blindes, planas,
de hermosos vidrios transparentes, con censores automáticas,
que se adelantan a los deseos del público.
¡Por suerte!
Pero yo tenía que ir más allí, debía
saciar mi sed de venganza.
Invité a mi hermano y fuimos a los negocios que venden
chatarra con el único fin de ver a los monstruos giratorios
tirados, totalmente paralizados, oxidándose a la intemperie.
Olvidados.
Nos miramos y como en la infancia, “nos leímos el
pensamiento”, recogimos del suelo unos cascotes y una gran
puntería, al más grande, le partimos las alas. |
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| EL
PAYASO PIRUETIN - Tarzán |
Había
un vez un payaso al que le encantaba realizar piruetas, soñaba
con hacer reír tan solo por un momento a las personas que
estuvieran tristes.
Era alto, delgado, muy ágil, tan ágil que con cada
salto que daba lograba una altura increíble.
Pero fundamentalmente se destacaba por su simpatía y ser
muy divertido, por ello les caía bien a los niños,
a los abuelitos y hasta a los animales. .
Tenía una nariz grande y roja y redonda, y a sus pies pequeños
los calzaba con zapatos enormes.
Su ropa preferida era un traje colorido con remiendos en ambas
rodillas.
Adornaba su cabeza con un sombrero de vuelo con un festón.
Vivía en un circo con una carpa amplia, carromatos y trapecios
donde él volaba. . .
Habían sillas y muchísimos globos.
Cuando terminaba su función les regalaba a los niños
un globo y un tierno abrazo de amigo.
Una vez estaba en una de sus actuaciones y tuvo tan mala suerte
que se le rompió su colorido pantalón justo atrás,
en la costura que unía las dos piernas, dejando al descubierto
un pintoresco calzoncillo floreado.
De inmediato pensó: qué papelón! Cuando escuchó
y levantó la mirada vio que todos reían, y él
también comenzó a hacerlo.
Desde ese día para cada función lleva el mismo pantalón
que una vez había logrado hacer reír a tantos espectadores.
Y colorín colorado, mi cuento se ha terminado.
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