PRIMER CONCURSO DE CUENTOS DE ECILDA PAULLIER
Organizado por: MASCEP
 
EL SUEÑO DE ANA - La Estrella ...Mención... Categoría Escolares
Había una vez una niña llamada Ana, tenía los ojos celestes, cabello largo rubio y con bucles. Era menuda y siempre sonreía.
Ella soñaba con ser una princesa y casarse con su príncipe AZUL, tener una casa amplia, con muchísimas habitaciones y un jardín colorido todo el año con diferentes plantas, y árboles, para que allí se refugiaran y llenaran de alegría con sus trinos, las aves.
En su sueño imaginaba que un día su príncipe azul la rescataría en su veloz caballo blanco y la conduciría a la vivienda de su sueño.
A medida que fueron pasando los años Ana soñaba con su sueño hecho realidad.
Una mañana le visitó su amiga, Belén, Ana le tenía absoluta confianza y por ello le contó de su infaltable sueño.
La amiga luego de oírla con atención le dijo que, como rea tan buena persona le deseaba desde lo más profundo de su corazón que el sueño se le hiciera realidad, y luego de pasar un tiempo se retiró de la casa.
Belén se fue de regreso a su hogar sin mucha prisa, iba pensando en lo bueno que era que le tuvieran confianza y de pronto el sonido fuerte de los cascos de un caballo le hizo volver la cabeza y ¡oh! Sorpresa, montado en el corcel blanco venía un joven caballero de traje azul muy elegante. Este se detuvo y le preguntó si conocía la casa que habitaba Ana. Casi sin aliento le respondió que sí, y que quedaba detrás de los árboles que se veían en la hondonada.
Llena de curiosidad le preguntó al desconocido quién era, a lo que éste le respondió: Vengo a rescatar a mi “Princesa” yo soy su “PRINCIPE AZUL”.
Belén, más que sorprendida le informó excitada que amiga lo estaba esperando y que deseaba que él la llevara a una hermosa vivienda, con jardín y árboles frondosos.
Agradecido, se despidió y emprendió su viaje a todo galope. . .
Al llegar observó a un hermosa jovencita de cabellos dorados, sueltos, rizados y le nombró: Ana! Ésta dio un giro, y vaya emoción – tú eres con quien he soñado siempre: alto, rubio de ojos celestes y muy distinguido, ¿pero quién te informó que aquí me podrías encontrar? – tu mejor amiga Belén, le respondió el jovencito.
Ella no lo es, porque fue capaz de contártelo todo, yo confiaba en ella y me defraudó.
Ana, a pesar de su profundo enojo estaba muy conmovida con la presencia del príncipe tan soñado. Pensó que debía disculpar la intromisión y dejar de la do su enojo, entonces recogió sus finos cabellos con su mano y le sonrió al recién llegado esperando que éste culminara su visita haciéndole la proposición de juntos formar una hermosa familia, en una casa amplia, iluminada, con jardín y árboles.
¿Tú crees que lo consiguió?
ESPERANZA - ETE
Solamente la noche tachonada de estrellas ansiosas, titilantes. . . y el frío, más allá el silencio, mudo, cómplice asiste el encuentro pactado por los duendes de colores.
Se han reunido todos en torno a la hoguera que desde no bien caída la tarde está encendida, ahora los duros y secos leños crepitan y vuelan como luciérnagas las chipas que de inmediato agonizan y mueren, las llamas se elevan moviéndose sinuosamente impulsadas por el viento. Una luz rojiza y cálida ilumina los rostros intranquilos de los hombrecillos desformándolos: unos parecen reír, otros llorar y otros, seres desconocidos, siniestros, raros, se diría que no pertenecen a un mismo grupo.
No hablan, la hoguera, de pronto, parece avivarse y el aroma de su esencia se esparce por doquier dándole un mágico encanto. De pronto, la tranquilidad nocturna se quiebra, un ave vuela bajo y casi los roza, ellos no le dan importancia entonces, ella emite un chillido lastimera, agudo, audible a la distancia. Otra quizás su compañera de aventura, le contesta: no está lejos. . .
El duende mayor, “Azul” como si esperara una señal, un aviso, una orden poniéndose de pie toma la palabra. Su diminuta figura está vestida con ropa color que le da su nombre y se de azul profundo como los mares sin fin. . . Aquélla se agiganta, su voz suena grave pero clama y tiene el magnetismo de quien dado sus años, su experiencia de vida, puede dirigirse a los demás con sabiduría, sabedor de que lo que él diga puede se sometido a juicio, a consideración sin despertar entre los iguales rivalidad.
Nadie se mueve, se día que el lugar ha quedado “congelado” como en una postal, y. . .lentamente esa voz conocida, patriarcal llega con matices profundos y algo quedos. – Estoy preocupado por la situación riesgosa que estamos atravesando, situación que no hemos buscado pero que lleva a realizar esta reunión, donde todos debemos participar con nuestra opinión por simple y obvia que ésta parezca, juntos arribaremos a la mejor solución sin que se susciten enfrentamientos que pongan en riesgo nuestra hermandad.
Ninguno se atreve a interrumpir porque esperan más.
-Los humanos, -continúa- no ansían un mundo mejor, por el contrario, buscan su deterioro. Son combativos, avaros y confiados, creen que a corto plazo todo lo puede, no son pacientes. Nosotros en nuestra diminuta dimensión vemos lo que ellos no!
-¿Será que deberían bajar mas sus cabezas y no llevarlas tan erguidas, altiva, motivo por el cual es imposible observar y por ende comprender lo que les rodea?
-¿Por qué los hombres no buscan soluciones prácticas, válidas – exclama el duende Rojo irritado, y Amarillo asevera: -porque son torpes y también muy interesados?
El duende Rosa pregunta inquisitivo: -¿Qué podemos hacer, quien nos escuchará?-, entonces Celeste aporta lo suyo y categórico dice: -¿A quién le importa el mundo mágico de los duendes? Es diminuto, colorido, perfumado, lleno de formas increíbles, armoniosas, únicas y jamás canjeables, y todo esto puede desaparecer en un plazo no muy prolongado porque una papelera prontamente funcionará no bien las obras de construcción finalicen.
Yo creo que todos debemos eleva nuestras voces y, en una solo intentar que nos escuchen –insiste.
Duende Verde, incrédulo, agrega: - Son sordos pero podemos escribir cartas haciendo reclamos válidos de NO CONTAMINACIÓN.
-No las leerán, las archivarán o tirarán al cesto como algo inservible –argumenta Violeta.
-Utilizaremos emisarios dotados del arte de retórica- grita Amarillo con toda fuerza.
-¡Cerrarán las puertas y no les abrirán! –asiente Celeste.
Entonces el duende Azul pregunta -¿Por qué no emplear la magia?-
-¿La magia?- dice una queda voz
-Sí, la Magia.
-Y ¿cómo sería eso? –interroga la vocecilla.
-Juntos actuaremos- afirma el sabio duende.
-busquemos una diminuta botellita de vidrio liso y transparente.
Llenémosla de: alegría, paciencia, paz, amor y reunamos todos los colores, TODOS y pongámoslo en la caja del recuerdo permanente; en diminutos frasquitos encerremos los perfumes, lila, añil, cobre, violeta. . . Sellemos con gota de rocío y arcilla virgen.
Juntemos toso los gustos: dulces, agrios, agridulces, insulsos, sabrosos, separados con láminas de esperanza y no olvidemos reunir las formas de animales y plantas sin que falte una y luego enviémoslo.
-Pidamos a la Señora lechuza para que sea nuestra segura emisaria, ella no equivocará el camino. Descansará de día y viajará de noche, todo su equipaje deberá reducirse a una pequeña muestre de su tamaño original y acondicionarlo de tal manera para que realice un único viaje. Yo esparciré el polen mágico, atesorado por nuestros antepasados y en mi poder desde que pasé a ser vuestro guía. Él es fundamental para que todo llegue intacto y cobre su real dimensión una vez lograda la meta.
Antes de levantar la sesión, acuerdan ir a habla con la rapaz.
Al otro día, ésta es sacada de su plácido sueño diurno y una vez que finaliza con sus bostezos y aleteos se le comunica el acuerdo pactado y se le solicita colabore en tan arriesgada y valerosa misión, y de inmediato afirma: -cuenten conmigo!
Al llegar la noche y teniendo la hoguera domo referencia, todos se reúnen a su alrededor.
El ave ha sido la primera en llegar, uno a uno van apareciendo los duendes de colores en absoluto silencio y juntos arreglan la diminuta y preciosa carga.
Se dice muy poco, pero los corazones hablan el lenguaje del entendimiento. De pronto el ave se eleva, planea majestuosa, un brillo de estrellas violetas la acompaña.
No mira atrás, su destino está adelante: es una morada del hombre y su vuelo está marcado por la esperanza.
Abajo, los duendes la observan hasta que desaparecen los puntitos luminosos en la noche quieta y palpitante. . .
El fuego de la hoguera se va apagando, los pequeños hombrecillos están tomados de las manos en señal de unión y de esfuerzos compartidos. Se van quedando dormidos y en estado de somnolencia cada uno piensa lo mismo:
“EL FUTURO PUEDE SER HERMOSO, SI EL HOMBRE TOMA CONCIENCIA DE QUE ELLO SOLAMENTE DEPENDE DE ÉL”.
FELIPE Y SUS AVENTURA - LOS PONIS ...Mención... Categoría Escolares
Había una vez en una hacienda un niño llamado Felipe. Vivía solo con su madre llamada Julieta, ella era viuda de mediana edad, y muy protectora.
Felipe un día le pidió si podía ir a pescar con sus amigos; su madre lo dejó pero le advirtió que no regresara tarde, él le respondió que regresaría antes de que se ocultara el sol.
Partieron felices hacia el río, pasaron las horas y obtuvieron abundante pesca. Como olvidaron la merienda, Felipe fue a buscar frutas algunos árboles que se encontraban allí. Buscó y buscó hasta que halló un naranjo silvestre, corrió hacia él y tomó unas cuantas frutas. De pronto se dio cuenta que estaba perdido y comenzó a caminar y a caminar. . . . cuánto más caminaba más extraviado estaba.
Mientras tanto sus amigos viendo que no regresaba, se alarmaron y comenzaron a buscarlo pero no lograron encontrarlo. Tristes, fueron a avisarle a Julieta, su mamá. No sabían cómo explicarle lo sucedido, tenían mucho temor. Ésta, al recibir la noticia fue a buscar la ayuda de vecinos y amigos para iniciar la búsqueda.
Corría el tiempo y Felipe seguía extraviado, ya se ocultaba el sol y la noche estaba cerca.
De pronto, entre los árboles amontonados, apareció un caballo blanco como la nieve, hermoso!. El niño acarició al animal, y éste le hacia movimientos para que se subiera.
Felipe así lo hizo y el noble animal lo guío por un sendero hasta donde vivía su dueño,
Que era un anciano. Éste vivía solo en una cabaña en contacto con la naturaleza. Al velo preguntó: ¿Qué haces a estas horas aquí y en mi caballo? ¿Te has extraviado? – Sí – Contesto Felipe – me perdí de mis amigos y quiero volver a mí casa.
-Bueno, yo te llevaré a la salida del monte- afirmó el anciano. Partieron hacia allá los dos de a pie y caminaron hasta que encontraron el río.
Allí, justo en ese momento, llegó su madre con la ayuda buscada.
Emocionada, le abrazó y besó, luego Felipe saludó a sus amigos.
Y así, gracias a un noble animal y la solidaridad de un anciano, un niño se salvó de males mayores.

INVASION - Contada por una gota
Jerónimo tenía el día libre. Anocheciendo ya, rumbeo al bar de la esquina, como lo hacía habitualmente.
El bar de la esquina. . el bar del barrio. . Lugar de reuniones de todo tipo.
Allí confluían conocidos parroquianos que ocupaban la “barra”, las mesitas, sobre todo las que dan contra los ventanales, y más al fondo. . el “casino” con sus dos mesas de paño verde y aquellas bolas que corren alocadas al toque del taco.
Entre charlas, saludos y chistes, Jero, como la gente le conoce, le solicitó al cantinero le sirviera lo de siempre, lo de todos los días.
Las horas trascurrían algunas veces hasta la madrugada, siempre quedaba algún amigo o cliente para charlas, y para entonces Jero ya había reiterado su pedido varias veces.
¿Qué sucedió esa noche en el bar?, dejemos que nos lo cuente una de las millares de gotas en un vaso que acompañan a Jero desde hace mucho tiempo.
“Cuando el cantinero no sacudió, el ejercito de gotas que ocupábamos el campamento verde de la botella, nos preparamos. Sabíamos que teníamos que ir a la guerra, a invadir nuevamente los territorios.
Jero tomo el vaso en el cual estábamos escondidos esperando la orden de marchar y bebe el primer trago de alcohol en esa noche que seguramente se alargaría por varias horas.
En ese presiso instante comenzamos la invasión.
Nuestros enemigos se prepararon para la defensa de su territorio enviando a los primeros soldados blancos, a los que nosotros llamamos “glóbulos blancos” pero nosotros ya estamos en territorio enemigo y avanzamos rápidamente para alcanzar los primero puestos de avanzada, las membranas mucosas de la boca.
Tomados por sorpresa esto lugares y con el entusiasmo de la victoria, continuamos el avance alocadamente, tomando todo lo que encontramos a nuestro paso, arrollando boca, lengua, garganta para dejar inflados los tejidos blandos.
Es una invasión relámpago, casi instantánea.
A medida que nuestros ejércitos avanzan nos acompañan el grupo de gases aromáticos de la bebida, procurando alcanzar un punto estratégico llamado “estomago”.
Tomado ya este baluarte por asalto, nos introducimos apresuradamente entre los pliegues de la pared de esa gran estructura.
Las defensas planeadas por nuestros adversarios no resultaron ser muy efectivas, porque varias compañías de nuestros ejércitos ya habían logrado atravesar esa pared y llegar al “río rojo”, un torrente que nos lleva a caer como una cascada, a la entrada de un laberinto denominado “intestino delgado”, un largo camino con muchas vueltas.
Y allí nos reagruparnos. Nuestro cuerpo de ataque emprende camino llevando el poder destructor de la “toxina” para invadir el terreno, una arteria llamada “carótida”. Ocupada esta, nos encontramos en posición de lanzar un fuerte ataque al centro de control del enemigo, allí donde se programan todos los movimientos y estrategias, llamado “cerebro”
En ese momento la euforia de triunfo de nuestros ejércitos es indescriptible, la invasión ha sido un éxito total. Nuestros generales toman medidas rápidamente para apoderarse de todo el territorio y provocar distorsiones en las comunicaciones de percepción y mantener ligeros mareos.
El enemigo, al verse superado, saca para su defensa algunos batallones que se encuentran en una lejana ciudad llamada “hospital”, mientras nuestra tropas, que ya habían invadido mucho territorio, provocan al enemigo un fuerte aliento alcohólico seguido de un potente ataque para dejarlo inconsciente.
Los refuerzos que recibió el enemigo fue efectivo en muchas cosas, deteniendo en parte nuestro avance arrollador. Nos enfrentamos a soldados bien entrenados llamados “tiamina” y “dextosa”
Frente a esta situación, el Comando recibió un comunicado haciéndonos conocer las tácticas empleadas en la ciudad “Hospital” a fin de que estudiáramos nuestros planes de avance. En la sala de estrategias y mapas, el general en jefe tomó la palabra: “la mayor parte de los alimentos se digieren en el “estómago” y en los “intestinos” y se almacenan en una ciudad bastante grande llamada “hígado” para ser metabolizados según las necesidades de energía que el país necesita”. . y prosigue: “Nuestros ejércitos ya alcanzaron la ciudad y comienzan a ser procesados, pero no en su totalidad, ya que buena parte de los soldados no metabolizados escaparon y vuelven al “rió rojo” . .” Como vemos, la lucha es intensa en ese sector, mientras que en la ciudad “hígado” el enemigo emplea un arma secreta dentro de su defensa. Esta arma llamada “metabolitos” es una especie de fragmentación molecular que son muy venenosa para nuestros ejércitos. Según información que poseemos, el enemigo ensaya otra arma que puede llegar a no dar el resultado que esperan, le llaman “acetaldehído”, el más toxico de los “metabolitos”. Pero parece que esta nueva arma puede llegar a provocar dentro de sus mismos soldados, náuseas –vómitos y disfunción cardiaca. Sin embargo, nuestros técnicos y científicos han logrado controlar y poner en practica un arma capaz de alterar el equilibro químico del enemigo, provocando una inundación llamada “excreción urinaria de electrolitos”, que son muy vitales para el enemigo, restándoles las fuentes de potasio-calcio y magnesio, afectándole la disponibilidad de fluidos en el campo del enemigo. En esta forma, -continuó informando nuestro jefe de operaciones- a medida que nuestros ejércitos avanzan, vamos tomando mejores posiciones en la presión y en el flujo sanguíneo del equilibrio cerebral. . . Habiendo logrado inflamar la membrana mucosa del “estómago”, comenzaremos a gobernar el enemigo por medio de graves hemorragias internas. . . Nuestros ejércitos tienen ya la fuerza necesaria como para llegar a taladrar esa alta pared del “estomago” y es de gran importancia para nuestra invasión, ya que podemos infligir bajas muy importantes al apoderarnos de la “gastritis”, “embotar el cerebro” y atacar finalmente el sistema nervioso central”
A medida que pasa el tiempo, nuestros ejércitos van recibiendo nuevos refuerzos con la llegada de otros lanchones de vidrio, aprovechando que la visión del enemigo ya no es tan aguda como para darse cuenta.
Le observamos y parece que tiene la sensación de estar flotando y la atmósfera parase tener un cierto aliento de fuerte alcohol.
Con cierto letargo del enemigo, vamos dominando el país. La ciudad “estomago” parece encontrarse en un estado de temor continuo. Desde nuestro comando llega una orden para los médicos, que entren en acción para examinar al enemigo y determinar en que condiciones de salud se encuentra el territorio. La respuesta no se hace esperar,”está en estado de “diplopía”, esto es, que las acciones se vuelven dobles.
El enemigo prácticamente esta vencido, sin fuerzas para defenderse, pero aún así el Comandante envía uno o dos lanchones más, obligando al enemigo a lucha con lo poco que le queda y mostrarse despierto. Pero todo es inútil ya, el enemigo busca protección en una oscura caverna llamada “inconciencia”, y se entrega doblegando sus músculos relajados. . .se afloja tos resistencia. . .el último lanchón no llega, cae, y el enemigo acaba en un rincón del Bar. En su interior el enemigo teme sufrir el “delirum tremen” y se encuentra grave con pocos signos vitales.
Los fuelle que envían aire resuenan fuertemente y todo el territorio va entrando en “pulmonía” seguido de movimientos espasmódicos en toda su extensión. El enemigo sufre lo que llamamos “clónico tónico”, donde se dilatan sus pupilas y mirada queda fija. La invasión ha terminado.
Hasta acá es lo que nos contó la gota de alcohol
Pero yo quise saber más del estado de Jerónimo.
En el Centro Asistencial me dijeron que le habían administrado oxigeno puro para despejar las vías respiratorias, que le extrajeron sangre para los análisis, y le conectaron un tubo intravenoso con glucosa y una solución salina acompañado de dextosa-tiamina y Valium.
Autorizado para verle, pasé a la sala –Me impactó. . . le observé atentamente. . . de vez en cuando su respiración se vuelve más lenta e incluso experimenta una “apnea” que es un breve período sin respirar escasos segundos que provocan una reacción involuntaria y jadea para respirar aire acompañado de fuertes ronquidos.
El médico tratante se me apersonó y me dijo que el alcohol pudo haber llegado a matarlo si el estado semicomatoso es demasiado profundo y no puede vomitar la toxina- . . si esto sucede, el vómito se aspira e inunda los bronquios con una barrera líquida que le impide respirar. . la médula cerebral que gobiernas las funciones automáticas se adormecen y viene la muerte.. .
Pero Jerónimo se salvó. . Pudo superarse y por lo que sé, comenzó un tratamiento en una institución llamada “Alcohólicos Anónimos”

LA EXCURSION - Jazmin
En una Escuela Rural muy pobre se les ocurrió a la Maestra y a los alumnos realizar una excursión, pero no sabían de dónde sacar el dinero para pagar el ómnibus. Pensaban ir a la ciudad de Montevideo aunque les resultaba costoso el viaje juntos decidieron que los niños venderían números de rifa para así poder obtener el dinero necesario. Al largar la rifa sucedió que el vecindario no respondió como se esperaba, y no se alcanzaba a la cifra requerida.
Los niños habían perdido las esperanzas de poder realizar el paseo ¡era imposible!
La Maestra quería lograr la concreción y alentaba a sus discípulos repitiéndoles día a día que no se dieran por vencidos.
Estos habían descartado todas las posibilidades y solamente les quedaba una: realizar una carta para enviarla a la Inspectora pidiendo que ésta hiciera lo posible para facilitar el pago.
Al día siguiente plantearon a la Maestra la idea y esta estuvo conforme. Realizaron la solicitud y la hicieron llegar con uno de los padres que iba próximo al lugar donde la Inspectora trabajaba.
Pasaron los días, semanas y cuando nada esperaban, recibieron las respuestas a la petición. Se les decía que se les podía conseguir el efectivo faltante, he iba a inscribir a la escuela para todos los paseos del año.
Luego de diez días llegó un sobre, la Maestra tuvo curiosidad y deseó abrirlo de inmediato pero esperó a entrar a clase para hacerlo frente a todos y comunicar lo que el contenido transmitía. Al hacerlo leyó con voz emocionada, era lo inesperado: la autorización de la Sra. Inspectora para que realizáramos el viaje y el cheque por la cifra a pagar.
Los niños festejaron felices abrazados a su tenaz y querida Maestra.
Aprendieron que con esfuerzo y esperanza se llega a un feliz resultado.
LOS TEROS DEL BAJO - MICHON ...Primer Premio... Categoría Escolares

Desde que los oí cantar en el bajo, junto a la cañada, supe que estaban buscando un lugar para realizar su nido.
Mi curiosidad inmediatamente se vio sacudida por la actitud de estos hermosos ejemplares de tero y comencé a observarlos por la ventana todas las mañanas.
Por las tardes, al volver de la escuela, me acercaba sigilosamente para desde lejos mirarlos con tranquilidad y que ellos no se asustaran.
Mientras tanto los días pasaban y el frío del invierno se hacía cada vez más intenso. Ni los ceibos ni los sauces mostraban su antiguo esplendor y los pastos del bajo estaban duros y amarillentos. Solo los dos guardianes mostraban que la vida continuaba. . .
Un día de domingo, mientras observaba por la ventana del comedor la gran helada que cubría el campo, vi a mis dos amigos en una actitud sospechosa, parecían cuidar algo muy especial. Enseguida me puse las botas y salí a investigar.
Los pequeños animalitos revoloteaban a mí alrededor, presa de pánico. Eso me daba la certeza de que algo escondía. En algún lado tenía que estar el nido.
Mi búsqueda comenzó a ser minuciosa, revisé el bajo palmo a palmo (yo tenía que encontrar el escondite de cualquier forma). A esta altura me había convertido en una especie de explorador que quería encontrar el nido de cualquier forma. Pero ¿Cuál era mi verdadera intención: proteger o destruir?
Tres días duró mi búsqueda hasta que en la tardecita del tercero lo descubrí. Estaba en un pocito hecho por una pisada de vaca. Los papás, aterrorizados, emitían sus agudos gritos, entonces sentí que mi obligación era cuidarlos; conté los huevos sin tocarlos, eran cinco, y me fui.
A partir de ese día comenzó mi tarea de padre protector de aquella familia.
Todo iba muy bien hasta que una tarde, cuando volvía de la escuela, vi que mi padre araba el bajo. No llegué a la casa. Al costado de la cañada dejé la mochila y, sin sacarme la túnica, corrí a ver a mis protegidos. ¡Se habían salvado! ¡Los cinco huevos aún estaban allí!
Mi padre me ayudó a marcar el lugar ¡El nido se había salvado de milagro! Desde ese momento comencé a vigilarlos con la certeza que pronto nacerían los pichones ya que sus padres, convertidos ahora en mis amigos, se mostraban cada día más nerviosos.
Nos preguntábamos si nacerían todos y hasta hacíamos apuestas.
Una tarde, después de la escuela, me acerqué sigilosamente al nido. ¡Allí no había nada! me desesperé pero luego comprendí: los pichones habían nacido. ¿Dónde estarían?. Los busqué pero no los encontré.
Un poco apenado entré a casa, me preparé la leche y seguí mirando por la ventana. De pronto percibí un leve movimiento entre los terrones, luego otro y otro más.
Los teros cantaban alborotados ¡Allí estaban! Pude contar tres.
Supuse que los otros dos no habían sobrevivido, mi padre dijo que eso era natural. Sin embargo, al otro día los vi a los cinco. Corrían constantemente detrás de sus padres. Tenían unas patas muy largas y su cuerpo estaba cubierto por una suave pelusita.
Me sentí el más feliz de los niños. Mi familia adoptiva estaba intacta. Mi tarea como protector culminaba. Ahora la naturaleza haría su trabajo.

MARTES TRECE - SUREÑA
En un paraje del departamento de San José muy cerca de la ciudad de libertad en una conocida estancia, sucedió esta historia por ser graciosa no deja de ser trágica.
Era una calurosa noche de verano con un cielo estrellado al no haber nubes se veía muy hermoso.
Entre el canto de los grillos y la luz de las luciérnagas Juan, Jesús y José recién llegados al lugar, luego de arreglar todo para el día siguiente comenzar el trabajo temprano, después de cenar se acostaron a dormir y descansar, al otro día los esperaba un trabajo agotador, comenzarían a enfardar paja de trigo el cual había sido trillada unas semanas antes.
Fabricaron sus camas con paja y se acostaron tapando sus cuerpos con sabanas blancas para protegerse de los mosquitos.
Como había mucho calor Juan y José no se habían dormido cuando José oyó los cascos del galopar de un caballo comunicándole, a Juan lo que acababa de oír.
Era un peón de la estancia que regresaba del pueblo cercano que al ver algo blanco al pie de la parva de paja se asombró, ya que en dicho lugar cuando el salió no vio nada anormal.
Al no poder distinguir que era lo blanco, se bajó del caballo, lo ató en el alambrado y comenzó a caminar muy despacio hacia el lugar de referencia.
Cuando los enfardadores notaron que una persona andaba en el lugar, se taparon hasta la cabeza con las sábanas.
La curiosidad del hombre por saber que había debajo de esas telas, pero al inclinarse para levantar la misma no sospechó que debajo había un hombre. El enfardador al sentir que levantaba la sábana se sentó de pronto preguntado ¿Qué andas haciendo muchacho?
Al sentir a su compañero el que dormía despertó furioso y rogó a estos que lo dejaran dormir tranquilo.
Al sentir esto y sin saber de donde provenían las voces el peón montó presuroso su caballo y dando un fuerte latigazo al mismo salió a toda carrera mientras Jesús casi a los gritos exclamaba ¡Que horas de molestar!
Después de ocurrido esto, los tres quedaron comentando lo ocurrido ya que esto no lo tenían planeado ni en sueños. Que nochecita sugirió Juan.
Escucha. . . escucha, todavía se siente el pobre animal huir a toda carrera dijo José.
Si se da cuenta que fecha es hoy no sale nunca más un martes trece comentó Juan. No se habían acallado los comentarios cuando se escucharon voces que se acercaban y claramente se podía escuchar el dialogo que traían.
Por la voz fácil se dieron cuenta que uno era el capataz de la estancia y por lo que hablaban otro debía ser el peón que una hora antes pasara por el lugar.
-¿Decime Aparicio (preguntaba el que era para los tres hombres el capataz) que fue lo que realmente viste porque hasta ahora solo as tartamudeado y nada me has dicho en concreto.
-Ya. . . ya. . . ya. ..le dije vi fantasmas.
-Estas loco ¡fantasmas! Tú crees en fantasmas, y rió burlón el capataz.
-Hasta hoy no creía pero hoy los vi con estos ojos.
-Aparicio no agrandes las cosas
-Patroncito, uno me dijo que andas haciendo borracho.
-Y no estarías borracho para ver y oír esas cosas.
-Otro con voz muy ronca me gritaba, vení a dormir conmigo, y luego me pareció que me venían corriendo. Hay patrón nunca me había pasado nada igual y eso que yo soy un hombre de mucho coraje.
Este dialogo lo escucharon los tres hombres y por el mismo se dieron cuenta que el realmente se había asustado de lo que los enfardadores habían dicho con tanta naturalidad.
Estos en pocos minutos programaron una broma para cuando los dos hombres estuvieran más cerca de ellos.
Prepararon unos huecos en la parva y se escondieron esperando el momento, para salir tapados con las telas haciendo ademanes y lamentándose como si esos lamentos vinieran del más allá.
Y el momento esperado llegó
El primero que los vio fue el peón al verlos gritó los fantasmas y dando media vuelta a su animal salió a toda carrera. Cuando el encargado quiso mirar a su empleado este ya estaba a varias cuadras del lugar.
El capataz un hombre mayor y más experimentado no le creyó nada al joven y se acercó un poco más para saber que era lo que realmente había visto el joven. Miró para todos lados y no vio nada anormal pero en le momento escucho un voz decir. A este vamos ya.
Oír esto y montar su caballo fue cosa de unos segundos, saliendo a toda carrera en su caballo gritando. Espérame no me dejes solo Aparicio.
Y así terminó una noche que comenzó un martes trece y terminó en los albores de un miércoles catorce.

MI PERRO CHIVO - LA ROSA

Un día fui a pasear al lugar donde cumple tareas de campo mi papá.
Alí conocí a un perro blanco y pequeño llamado “Chiquito”.
Con el tiempo, a mi padre se le ocurrió cambiar su nombre por otro parecido “Chivito” y desde ese día respondió a ese llamado.
Yo le nombraba –“¡Chivito!” y él venía hacia mí corriendo y moviendo la cola.
Un día a mi hermano Nicolás se le ocurrió llevarlo a pescar para que le hiciera compañía y protegiera sus cosas.
Aprontó los anzuelos con carne y . . .Chivito robó uno con tan mala suerte que se lo clavó en la boca, aullaba dolorido y Nicolás no sabía que hacer.
Luego mi padre le pudo quitar el anzuelo pero no ¡la carne!.
Para nosotros fue muy triste verlo sufrir mirándonos con angustia en señal de ayuda con sus ojos lastimeros.
Hoy, Chivito es un perro que juega con nosotros, no cuida y siempre que puede hace fiestas.
¡Por nada del mundo me separaría de él!
¿QUIERES HACERLO TU? - LINA ...Mención... Categoría Adultos
Era tan diminuto que solo podían caber: doce lágrimas, tres lentejuelas, dos caracolitos, una perla y ¡nada más!.
Nadie sabía de dónde ni cómo llegó a la casa
Cuando la abuela Paca heredó de su padre la vetusta vivienda, el ya estaba allí en un antiquísimo costurero laqueado oscuro e importante. Este contenía: una tijera mediana, liviana, de punta roma, bastante oxidad, por tanto su vida útil había terminado como en la vida terminan; ¡tantas cosas!; dos carreteles de madera, cilíndricos, algo pesados mostrando unas pocas vueltas de hilo cadena rojo y verde.
De todos estos objetos, el único que le llamó la atención a la anciana fue el dedal, es que éste tenía un atractivo, un ¡no se qué! Que ella no sabía de descifrar.
Cuando por vez primera abrió el costurero luego de ojear lo existente fue lo único que quiso rescatar de allí. Lo sacó de su encierro y sacó de inmediato con un ¡paff!, seco, que a nadie estremeció.
Luego le dio brillo con una franelita humedecida en pasta dental Kolynos (alguien le había dicho que este era un buen procedimiento para limpiar metales).
Lo frotó con esmero primero y luego con frenesí, lo hizo con tal fuerza que el dedal parecía adelgazar a medida que adquiría gran luminosidad, hasta el Lucero del Alba podría envidiar tanto brillo.
Después, lo colocó como un trofeo más en una repisa de finísimo vidrio con otras miniaturas pero el ocupó el primer lugar debido a su dimensión.
El destino de la minúscula pieza parecía estar allí como objeto decorativo, pero. . . un día alguien llamó a la puerta de la abuela Paca, era un comprador de antigüedades, gordito, bajo, pelado de bigotes, con ojos pequeños y muy vivaces, ellos mostraban que era una persona sagaz para los negocios. Vestía con pulcritud un traje oscuro con doble abotonadura y solapa ancha, completaba su atuendo una llamativa corbata con brillo y colores nada convencionales. . . en su mano derecha llevaba un maletín de cuero tan sobrio como él.
Cuando la anciana le preguntó que era lo que deseaba le contestó que venía informado de que en esa casa, su moradora, vendía objetos antiguos y estaba interesado en la compra de algunos de ellos.
La mini exposición estaba ahí nomás, a la entrada y el de un solo vistazo captó la presencia del dedal y de inmediato hizo su oferta ¡señalándolo!.
La abuela Paca lo tomó y pensó: una dos y la tercera vez dijo: -¡No! ¡No lo vendo!. Su voz era tan rotunda que el vendedor ante la negativa tajante marchó como había llegado, sin nada o peor, con un dejo de derrota. Ella, luego, lo volvió junto a sus otros pequeños compañeros, lo depositó son ruido, suavemente y con alegría.
Lo miró y le dijo: -Este es tu lugar junto a los tuyos que te quieren, este espacio es solamente para ti, nadie más puede ocuparlo como tampoco quedar vacío.
Lo miro otra vez detenidamente y como si él tuviera oídos se acercó más y más susurrándole: -Algún día descubriré pequeño cono truncado cual es tu verdadera esencia, que es lo que hay en ti que pese a tu tamaño tiene tanta fuerza. . . Lo descubriré pero si no lo logro, le pregunto a quien lea este cuento ¿QUIERES HACERLO TU?

REGRESO - NIGAMA ...Primer Premio... Categoría Adultos
La tormenta desatada aquella tarde complicaba las cosas, ni las mil tareas por hacer me alejaban del nerviosismo que me provocaba el regreso a mi pueblo natal después de 20 años de ausencia. Me detuve a pensar en el día que partí y todo ese tiempo me pareció un instante.
Iba a realizar una nota para la revista donde trabajo como periodista, sobre costumbres y estilos de vida de los pequeños pueblos del interior del país. Volvieron a mi mente los recuerdos de entonces, me sentí tremendamente feliz.
Con 18 años recién cumplidos partí a continuar estudios superiores en la capital, con la arrogancia propia de la juventud, etapa donde el pueblo queda chico, con el equipaje lleno de sueños para realizar. Luego, con los años esa arrogancia se vuelve rutina y resignación.
Mi vida en el pueblo era muy simple, por aquel entonces todo era así, hija única de un matrimonio mayor, muy mimada, quien no pudieron resistir la tentación de acompañarme a la capital cuando tuve que partir.
En la gran ciudad conseguí el éxito. Con el título recién obtenido gané el primer puesto de trabajo en la revista. Gano bien, vivo holgadamente, logré bienestar material y status social. Todos esos recuerdos vinieron a mi mente, casi no me permitieron conciliar el sueño, que tanto necesitaba.
Por fin llegó el día de la partid, a las seis de la mañana luego de un desayuno liviano, tomé mi auto y partí. Ya tendría tiempo en el viaje para poner mis pensamientos en orden.
Hice una sola parada en el camino para tomar un café y despejarme un poco, y al mediodía, llegué.
Una rara sensación se apoderó de mí, me invadió enseguida un sentimiento de pertenencia hacia ese lugar. Me recibió una hermosa avenida con un coqueto jardincito separando sus dos vías. Antaño, esa misma calle era de pedregullo y transitarla significaba un baño de tierra. Terminé mi recorrido en la muy querida plaza, donde en otros tiempos no reuníamos con los amigos a charlar. A su alrededor se ubican las oficinas más importantes del pueblo y las residencias de las familias más acomodadas, que custodian tan preciado tesoro. Todo lucía impecable y cuidado.
Mi memoria evoca las fiestas de la escuela, en esa misma plaza, los niños con las túnicas blancas y moñas azules, preparados para cantar el Himno Nacional.
El regreso a mis raíces, a ese ambiente de paz y tranquilidad, donde el reloj se detuvo me pareció un sueño. De pronto una voz infantil me sacó de ese éxtasis, y volví a la realidad como si me hubieran dad un sacudón.
-Buendía señora, Ud. no es de acá ¿no?
La respuesta se hizo esperar, pues si decía que si, iba a desconcertar al muchacho.
-Estoy buscando una hotel, me puedes decir dónde hallar uno?
-¿Hotel?, aquí no hay, porque nadie vive por estos lados, si quiere puede hospedarse en lo de Doña María, que alquila piezas.
-Si puedes acompañarme sube al auto.
-Con gusto lo haré
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Francisco, pero todos me dicen Pancho.
Entre charla y charla, llegamos a lo de doña María, una señora de cierta edad, muy simpática. Luego de ponernos de acuerdo en el precio del alojamiento me ubiqué en una cómoda habitación. Una ventana a la calle me permitía ver todo lo que ocurría en el exterior. Un grupo de curiosos no se había perdido detalle de mi llegada, preguntándose tal vez quien sería, y que vendría ha hacer a su pueblo.
La habitación era amplia, muy limpia, en el centro una gran cama antigua y una mesa redonda, con un mantelito blanco, bordado por la dueña de casa, sobre el que lucía un gran ramo de flores frescas.
Hicimos buena amistad con doña María, quien había sido amiga de mis padres y me conocía desde la infancia, y se enteraba ahora de sus fallecimientos, luego me puso al día del acontecer del pueblo.
Pasaron los días en que trabajé mucho, en un clima de paz que hacía tiempo no sentía. A punto de finalizar mi trabajo, el día de la partida se aproximaba.
Ese ambiente bucólico y refrescante había calado hondo en mi., tanto que no estaba segura de querer partir, todo me hacía sentir bien, el aire fresco, el permanente aroma de las flores y la calidez de la gente. Me costó mucho preparar mi equipaje, pero tenía que marchar, ¿y si todo aquello fuera un espejismo que lugar se diluyera en la nada?
Recién llegada a la capital, la ciudad se me vino encima, como una fiera enloquecida, los ruidos ensordecedores, los olores asfixiantes, y aquellas multitudes desconocidas chocando permanentemente en las calles, me provocaron un intenso dolor de cabeza. La gran ciudad ofrece muchas oportunidades, pero poco a poco va endureciendo a la gente, transformándola en una pieza más de esa máquina gigantesca, donde pierde la individualidad, para ser una pequeña parte del todo.
Los días transcurrieron sin novedad, pero interiormente me sentí diferente, algo había cambiado.
Sin vacilar demasiado, súbitamente lo decidí
Cuando le comuniqué a mi jefe la idea de ir al pueblo, me dijo si estaba demente, pero mi insistencia fue que terminó por aceptar, pero con una condición:
-Te vas por seis mese, a hacer un informe completo sobre las zonas rurales, y luego veremos si te quedas tan a gusto y para siempre.
Y así fue como recibí mi vejez en este rincón apartado y tranquilo, desconocido para muchos, y redescubierto para mí.

SOBEO VA SOBEO VIENE - PAJARITO ...Segundo Premio... Categoría Escolares
El domingo amaneció radiante. Había yerra en el campo de Pichirica. Los pialadores fueron llegando. . .
La mañana transcurrió sin alteraciones. Se oían gritos, corridas, carcajadas. El olor a asada inundaba el lugar y llegaba más allá del arroyo.
Los gauchos se arrimaron al fogón, colgaron los sobeos y se pusieron a comer.
Calengo y Gramilla engancharon sus lazos en un roble viejo.
Después de comer y tomar “algo” llegó la hora de la diversión. Entonces, tomaron los torneados y se pusieron a pialar.
Gramilla erró el pial y dijo: -éste no es mi sobeo.
Todos guardaron silencio y él pensó que le estaban gastando una broma, por lo tanto estalló en cólera diciendo: -¡el que lo tenga, a facón lo vamos a arreglar!
Después, le echo el ojo a Calengo y señaló: ese es mi sobeo.
Pichirica interrumpió: -átenlos de tobillo a tobillo, que se van a pelear por una pavada.
-¿Por qué no lo definen pialando, como buen paisano?- pregunto Piconiza.
Gramilla, rojo de rabia, tomo el sobeo y tiró un pial. Después le toco al bueno de Calengo. Y así estuvieron un largo rato sin definir nada. Gramilla seguía furiosos pero Calengo, nunca perdió la calma ni la sonrisa.
A la noche, se acercaron al fogón; Calengo, ensilló su caballo y agarró el sobeo para irse. Pero Gramilla le gritó: -no se lleve mi sobeo- con tono amenazante. Calengo, riéndose, se lo dio y se fue al tranco, manso . . .
Gramilla, fue al viejo roble, en busca de su recado y allí vio, con asombro, su sobeo colgado, donde él mismo lo había dejado. Entonces, regresó al fogón y un tanto avergonzado dijo: -la pucha, me quedé con el sobeo de Calengo, ¿y ahora qué hago?
Pichirica le saltó encima diciendo. Viste porfiao, siempre armando lío. Ahora, a mi yerra no venís más.
Se dio vuelta para indicarle la salida y vio a Calengo (que había vuelto), tranquilo, sentado sobre su moro, afirmado en un solo estribo.
-No se preocupe, Pichirica- dijo. Yo sabía que solito lo iba a encontrar, por eso vine.
Entonces Gramilla, le entregó el suyo, monto a caballo y le palmeó el hombro. Le dijo algo, bajito y Calengo hizo un gesto de: no pasó nada.
Y juntos, como habían llegado, se perdieron en la oscuridad de la noche.
 
Se publicaron todos los cuentos que participaron en el concurso por orden alfabético.
Agradecemos a todos por haber participado.