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PRIMER
CONCURSO DE CUENTOS DE ECILDA PAULLIER
Organizado por: MASCEP |
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| EL
SUEÑO DE ANA - La Estrella ...Mención... Categoría
Escolares |
Había
una vez una niña llamada Ana, tenía los ojos celestes,
cabello largo rubio y con bucles. Era menuda y siempre sonreía.
Ella soñaba con ser una princesa y casarse con su príncipe
AZUL, tener una casa amplia, con muchísimas habitaciones
y un jardín colorido todo el año con diferentes
plantas, y árboles, para que allí se refugiaran
y llenaran de alegría con sus trinos, las aves.
En su sueño imaginaba que un día su príncipe
azul la rescataría en su veloz caballo blanco y la conduciría
a la vivienda de su sueño.
A medida que fueron pasando los años Ana soñaba
con su sueño hecho realidad.
Una mañana le visitó su amiga, Belén, Ana
le tenía absoluta confianza y por ello le contó
de su infaltable sueño.
La amiga luego de oírla con atención le dijo que,
como rea tan buena persona le deseaba desde lo más profundo
de su corazón que el sueño se le hiciera realidad,
y luego de pasar un tiempo se retiró de la casa.
Belén se fue de regreso a su hogar sin mucha prisa, iba
pensando en lo bueno que era que le tuvieran confianza y de pronto
el sonido fuerte de los cascos de un caballo le hizo volver la
cabeza y ¡oh! Sorpresa, montado en el corcel blanco venía
un joven caballero de traje azul muy elegante. Este se detuvo
y le preguntó si conocía la casa que habitaba Ana.
Casi sin aliento le respondió que sí, y que quedaba
detrás de los árboles que se veían en la
hondonada.
Llena de curiosidad le preguntó al desconocido quién
era, a lo que éste le respondió: Vengo a rescatar
a mi “Princesa” yo soy su “PRINCIPE AZUL”.
Belén, más que sorprendida le informó excitada
que amiga lo estaba esperando y que deseaba que él la llevara
a una hermosa vivienda, con jardín y árboles frondosos.
Agradecido, se despidió y emprendió su viaje a todo
galope. . .
Al llegar observó a un hermosa jovencita de cabellos dorados,
sueltos, rizados y le nombró: Ana! Ésta dio un giro,
y vaya emoción – tú eres con quien he soñado
siempre: alto, rubio de ojos celestes y muy distinguido, ¿pero
quién te informó que aquí me podrías
encontrar? – tu mejor amiga Belén, le respondió
el jovencito.
Ella no lo es, porque fue capaz de contártelo todo, yo
confiaba en ella y me defraudó.
Ana, a pesar de su profundo enojo estaba muy conmovida con la
presencia del príncipe tan soñado. Pensó
que debía disculpar la intromisión y dejar de la
do su enojo, entonces recogió sus finos cabellos con su
mano y le sonrió al recién llegado esperando que
éste culminara su visita haciéndole la proposición
de juntos formar una hermosa familia, en una casa amplia, iluminada,
con jardín y árboles.
¿Tú crees que lo consiguió?
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| ESPERANZA
- ETE |
Solamente
la noche tachonada de estrellas ansiosas, titilantes. . . y el
frío, más allá el silencio, mudo, cómplice
asiste el encuentro pactado por los duendes de colores.
Se han reunido todos en torno a la hoguera que desde no bien caída
la tarde está encendida, ahora los duros y secos leños
crepitan y vuelan como luciérnagas las chipas que de inmediato
agonizan y mueren, las llamas se elevan moviéndose sinuosamente
impulsadas por el viento. Una luz rojiza y cálida ilumina
los rostros intranquilos de los hombrecillos desformándolos:
unos parecen reír, otros llorar y otros, seres desconocidos,
siniestros, raros, se diría que no pertenecen a un mismo
grupo.
No hablan, la hoguera, de pronto, parece avivarse y el aroma de
su esencia se esparce por doquier dándole un mágico
encanto. De pronto, la tranquilidad nocturna se quiebra, un ave
vuela bajo y casi los roza, ellos no le dan importancia entonces,
ella emite un chillido lastimera, agudo, audible a la distancia.
Otra quizás su compañera de aventura, le contesta:
no está lejos. . .
El duende mayor, “Azul” como si esperara una señal,
un aviso, una orden poniéndose de pie toma la palabra.
Su diminuta figura está vestida con ropa color que le da
su nombre y se de azul profundo como los mares sin fin. . . Aquélla
se agiganta, su voz suena grave pero clama y tiene el magnetismo
de quien dado sus años, su experiencia de vida, puede dirigirse
a los demás con sabiduría, sabedor de que lo que
él diga puede se sometido a juicio, a consideración
sin despertar entre los iguales rivalidad.
Nadie se mueve, se día que el lugar ha quedado “congelado”
como en una postal, y. . .lentamente esa voz conocida, patriarcal
llega con matices profundos y algo quedos. – Estoy preocupado
por la situación riesgosa que estamos atravesando, situación
que no hemos buscado pero que lleva a realizar esta reunión,
donde todos debemos participar con nuestra opinión por
simple y obvia que ésta parezca, juntos arribaremos a la
mejor solución sin que se susciten enfrentamientos que
pongan en riesgo nuestra hermandad.
Ninguno se atreve a interrumpir porque esperan más.
-Los humanos, -continúa- no ansían un mundo mejor,
por el contrario, buscan su deterioro. Son combativos, avaros
y confiados, creen que a corto plazo todo lo puede, no son pacientes.
Nosotros en nuestra diminuta dimensión vemos lo que ellos
no!
-¿Será que deberían bajar mas sus cabezas
y no llevarlas tan erguidas, altiva, motivo por el cual es imposible
observar y por ende comprender lo que les rodea?
-¿Por qué los hombres no buscan soluciones prácticas,
válidas – exclama el duende Rojo irritado, y Amarillo
asevera: -porque son torpes y también muy interesados?
El duende Rosa pregunta inquisitivo: -¿Qué podemos
hacer, quien nos escuchará?-, entonces Celeste aporta lo
suyo y categórico dice: -¿A quién le importa
el mundo mágico de los duendes? Es diminuto, colorido,
perfumado, lleno de formas increíbles, armoniosas, únicas
y jamás canjeables, y todo esto puede desaparecer en un
plazo no muy prolongado porque una papelera prontamente funcionará
no bien las obras de construcción finalicen.
Yo creo que todos debemos eleva nuestras voces y, en una solo
intentar que nos escuchen –insiste.
Duende Verde, incrédulo, agrega: - Son sordos pero podemos
escribir cartas haciendo reclamos válidos de NO CONTAMINACIÓN.
-No las leerán, las archivarán o tirarán
al cesto como algo inservible –argumenta Violeta.
-Utilizaremos emisarios dotados del arte de retórica- grita
Amarillo con toda fuerza.
-¡Cerrarán las puertas y no les abrirán! –asiente
Celeste.
Entonces el duende Azul pregunta -¿Por qué no emplear
la magia?-
-¿La magia?- dice una queda voz
-Sí, la Magia.
-Y ¿cómo sería eso? –interroga la vocecilla.
-Juntos actuaremos- afirma el sabio duende.
-busquemos una diminuta botellita de vidrio liso y transparente.
Llenémosla de: alegría, paciencia, paz, amor y reunamos
todos los colores, TODOS y pongámoslo en la caja del recuerdo
permanente; en diminutos frasquitos encerremos los perfumes, lila,
añil, cobre, violeta. . . Sellemos con gota de rocío
y arcilla virgen.
Juntemos toso los gustos: dulces, agrios, agridulces, insulsos,
sabrosos, separados con láminas de esperanza y no olvidemos
reunir las formas de animales y plantas sin que falte una y luego
enviémoslo.
-Pidamos a la Señora lechuza para que sea nuestra segura
emisaria, ella no equivocará el camino. Descansará
de día y viajará de noche, todo su equipaje deberá
reducirse a una pequeña muestre de su tamaño original
y acondicionarlo de tal manera para que realice un único
viaje. Yo esparciré el polen mágico, atesorado por
nuestros antepasados y en mi poder desde que pasé a ser
vuestro guía. Él es fundamental para que todo llegue
intacto y cobre su real dimensión una vez lograda la meta.
Antes de levantar la sesión, acuerdan ir a habla con la
rapaz.
Al otro día, ésta es sacada de su plácido
sueño diurno y una vez que finaliza con sus bostezos y
aleteos se le comunica el acuerdo pactado y se le solicita colabore
en tan arriesgada y valerosa misión, y de inmediato afirma:
-cuenten conmigo!
Al llegar la noche y teniendo la hoguera domo referencia, todos
se reúnen a su alrededor.
El ave ha sido la primera en llegar, uno a uno van apareciendo
los duendes de colores en absoluto silencio y juntos arreglan
la diminuta y preciosa carga.
Se dice muy poco, pero los corazones hablan el lenguaje del entendimiento.
De pronto el ave se eleva, planea majestuosa, un brillo de estrellas
violetas la acompaña.
No mira atrás, su destino está adelante: es una
morada del hombre y su vuelo está marcado por la esperanza.
Abajo, los duendes la observan hasta que desaparecen los puntitos
luminosos en la noche quieta y palpitante. . .
El fuego de la hoguera se va apagando, los pequeños hombrecillos
están tomados de las manos en señal de unión
y de esfuerzos compartidos. Se van quedando dormidos y en estado
de somnolencia cada uno piensa lo mismo:
“EL FUTURO PUEDE SER HERMOSO, SI EL HOMBRE TOMA CONCIENCIA
DE QUE ELLO SOLAMENTE DEPENDE DE ÉL”. |
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| FELIPE
Y SUS AVENTURA - LOS PONIS ...Mención... Categoría
Escolares |
Había
una vez en una hacienda un niño llamado Felipe. Vivía
solo con su madre llamada Julieta, ella era viuda de mediana edad,
y muy protectora.
Felipe un día le pidió si podía ir a pescar
con sus amigos; su madre lo dejó pero le advirtió
que no regresara tarde, él le respondió que regresaría
antes de que se ocultara el sol.
Partieron felices hacia el río, pasaron las horas y obtuvieron
abundante pesca. Como olvidaron la merienda, Felipe fue a buscar
frutas algunos árboles que se encontraban allí.
Buscó y buscó hasta que halló un naranjo
silvestre, corrió hacia él y tomó unas cuantas
frutas. De pronto se dio cuenta que estaba perdido y comenzó
a caminar y a caminar. . . . cuánto más caminaba
más extraviado estaba.
Mientras tanto sus amigos viendo que no regresaba, se alarmaron
y comenzaron a buscarlo pero no lograron encontrarlo. Tristes,
fueron a avisarle a Julieta, su mamá. No sabían
cómo explicarle lo sucedido, tenían mucho temor.
Ésta, al recibir la noticia fue a buscar la ayuda de vecinos
y amigos para iniciar la búsqueda.
Corría el tiempo y Felipe seguía extraviado, ya
se ocultaba el sol y la noche estaba cerca.
De pronto, entre los árboles amontonados, apareció
un caballo blanco como la nieve, hermoso!. El niño acarició
al animal, y éste le hacia movimientos para que se subiera.
Felipe así lo hizo y el noble animal lo guío por
un sendero hasta donde vivía su dueño,
Que era un anciano. Éste vivía solo en una cabaña
en contacto con la naturaleza. Al velo preguntó: ¿Qué
haces a estas horas aquí y en mi caballo? ¿Te has
extraviado? – Sí – Contesto Felipe –
me perdí de mis amigos y quiero volver a mí casa.
-Bueno, yo te llevaré a la salida del monte- afirmó
el anciano. Partieron hacia allá los dos de a pie y caminaron
hasta que encontraron el río.
Allí, justo en ese momento, llegó su madre con la
ayuda buscada.
Emocionada, le abrazó y besó, luego Felipe saludó
a sus amigos.
Y así, gracias a un noble animal y la solidaridad de un
anciano, un niño se salvó de males mayores.
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| INVASION
- Contada por una gota |
Jerónimo
tenía el día libre. Anocheciendo ya, rumbeo al bar
de la esquina, como lo hacía habitualmente.
El bar de la esquina. . el bar del barrio. . Lugar de reuniones
de todo tipo.
Allí confluían conocidos parroquianos que ocupaban
la “barra”, las mesitas, sobre todo las que dan contra
los ventanales, y más al fondo. . el “casino”
con sus dos mesas de paño verde y aquellas bolas que corren
alocadas al toque del taco.
Entre charlas, saludos y chistes, Jero, como la gente le conoce,
le solicitó al cantinero le sirviera lo de siempre, lo
de todos los días.
Las horas trascurrían algunas veces hasta la madrugada,
siempre quedaba algún amigo o cliente para charlas, y para
entonces Jero ya había reiterado su pedido varias veces.
¿Qué sucedió esa noche en el bar?, dejemos
que nos lo cuente una de las millares de gotas en un vaso que
acompañan a Jero desde hace mucho tiempo.
“Cuando el cantinero no sacudió, el ejercito de gotas
que ocupábamos el campamento verde de la botella, nos preparamos.
Sabíamos que teníamos que ir a la guerra, a invadir
nuevamente los territorios.
Jero tomo el vaso en el cual estábamos escondidos esperando
la orden de marchar y bebe el primer trago de alcohol en esa noche
que seguramente se alargaría por varias horas.
En ese presiso instante comenzamos la invasión.
Nuestros enemigos se prepararon para la defensa de su territorio
enviando a los primeros soldados blancos, a los que nosotros llamamos
“glóbulos blancos” pero nosotros ya estamos
en territorio enemigo y avanzamos rápidamente para alcanzar
los primero puestos de avanzada, las membranas mucosas de la boca.
Tomados por sorpresa esto lugares y con el entusiasmo de la victoria,
continuamos el avance alocadamente, tomando todo lo que encontramos
a nuestro paso, arrollando boca, lengua, garganta para dejar inflados
los tejidos blandos.
Es una invasión relámpago, casi instantánea.
A medida que nuestros ejércitos avanzan nos acompañan
el grupo de gases aromáticos de la bebida, procurando alcanzar
un punto estratégico llamado “estomago”.
Tomado ya este baluarte por asalto, nos introducimos apresuradamente
entre los pliegues de la pared de esa gran estructura.
Las defensas planeadas por nuestros adversarios no resultaron
ser muy efectivas, porque varias compañías de nuestros
ejércitos ya habían logrado atravesar esa pared
y llegar al “río rojo”, un torrente que nos
lleva a caer como una cascada, a la entrada de un laberinto denominado
“intestino delgado”, un largo camino con muchas vueltas.
Y allí nos reagruparnos. Nuestro cuerpo de ataque emprende
camino llevando el poder destructor de la “toxina”
para invadir el terreno, una arteria llamada “carótida”.
Ocupada esta, nos encontramos en posición de lanzar un
fuerte ataque al centro de control del enemigo, allí donde
se programan todos los movimientos y estrategias, llamado “cerebro”
En ese momento la euforia de triunfo de nuestros ejércitos
es indescriptible, la invasión ha sido un éxito
total. Nuestros generales toman medidas rápidamente para
apoderarse de todo el territorio y provocar distorsiones en las
comunicaciones de percepción y mantener ligeros mareos.
El enemigo, al verse superado, saca para su defensa algunos batallones
que se encuentran en una lejana ciudad llamada “hospital”,
mientras nuestra tropas, que ya habían invadido mucho territorio,
provocan al enemigo un fuerte aliento alcohólico seguido
de un potente ataque para dejarlo inconsciente.
Los refuerzos que recibió el enemigo fue efectivo en muchas
cosas, deteniendo en parte nuestro avance arrollador. Nos enfrentamos
a soldados bien entrenados llamados “tiamina” y “dextosa”
Frente a esta situación, el Comando recibió un comunicado
haciéndonos conocer las tácticas empleadas en la
ciudad “Hospital” a fin de que estudiáramos
nuestros planes de avance. En la sala de estrategias y mapas,
el general en jefe tomó la palabra: “la mayor parte
de los alimentos se digieren en el “estómago”
y en los “intestinos” y se almacenan en una ciudad
bastante grande llamada “hígado” para ser metabolizados
según las necesidades de energía que el país
necesita”. . y prosigue: “Nuestros ejércitos
ya alcanzaron la ciudad y comienzan a ser procesados, pero no
en su totalidad, ya que buena parte de los soldados no metabolizados
escaparon y vuelven al “rió rojo” . .”
Como vemos, la lucha es intensa en ese sector, mientras que en
la ciudad “hígado” el enemigo emplea un arma
secreta dentro de su defensa. Esta arma llamada “metabolitos”
es una especie de fragmentación molecular que son muy venenosa
para nuestros ejércitos. Según información
que poseemos, el enemigo ensaya otra arma que puede llegar a no
dar el resultado que esperan, le llaman “acetaldehído”,
el más toxico de los “metabolitos”. Pero parece
que esta nueva arma puede llegar a provocar dentro de sus mismos
soldados, náuseas –vómitos y disfunción
cardiaca. Sin embargo, nuestros técnicos y científicos
han logrado controlar y poner en practica un arma capaz de alterar
el equilibro químico del enemigo, provocando una inundación
llamada “excreción urinaria de electrolitos”,
que son muy vitales para el enemigo, restándoles las fuentes
de potasio-calcio y magnesio, afectándole la disponibilidad
de fluidos en el campo del enemigo. En esta forma, -continuó
informando nuestro jefe de operaciones- a medida que nuestros
ejércitos avanzan, vamos tomando mejores posiciones en
la presión y en el flujo sanguíneo del equilibrio
cerebral. . . Habiendo logrado inflamar la membrana mucosa del
“estómago”, comenzaremos a gobernar el enemigo
por medio de graves hemorragias internas. . . Nuestros ejércitos
tienen ya la fuerza necesaria como para llegar a taladrar esa
alta pared del “estomago” y es de gran importancia
para nuestra invasión, ya que podemos infligir bajas muy
importantes al apoderarnos de la “gastritis”, “embotar
el cerebro” y atacar finalmente el sistema nervioso central”
A medida que pasa el tiempo, nuestros ejércitos van recibiendo
nuevos refuerzos con la llegada de otros lanchones de vidrio,
aprovechando que la visión del enemigo ya no es tan aguda
como para darse cuenta.
Le observamos y parece que tiene la sensación de estar
flotando y la atmósfera parase tener un cierto aliento
de fuerte alcohol.
Con cierto letargo del enemigo, vamos dominando el país.
La ciudad “estomago” parece encontrarse en un estado
de temor continuo. Desde nuestro comando llega una orden para
los médicos, que entren en acción para examinar
al enemigo y determinar en que condiciones de salud se encuentra
el territorio. La respuesta no se hace esperar,”está
en estado de “diplopía”, esto es, que las acciones
se vuelven dobles.
El enemigo prácticamente esta vencido, sin fuerzas para
defenderse, pero aún así el Comandante envía
uno o dos lanchones más, obligando al enemigo a lucha con
lo poco que le queda y mostrarse despierto. Pero todo es inútil
ya, el enemigo busca protección en una oscura caverna llamada
“inconciencia”, y se entrega doblegando sus músculos
relajados. . .se afloja tos resistencia. . .el último lanchón
no llega, cae, y el enemigo acaba en un rincón del Bar.
En su interior el enemigo teme sufrir el “delirum tremen”
y se encuentra grave con pocos signos vitales.
Los fuelle que envían aire resuenan fuertemente y todo
el territorio va entrando en “pulmonía” seguido
de movimientos espasmódicos en toda su extensión.
El enemigo sufre lo que llamamos “clónico tónico”,
donde se dilatan sus pupilas y mirada queda fija. La invasión
ha terminado.
Hasta acá es lo que nos contó la gota de alcohol
Pero yo quise saber más del estado de Jerónimo.
En el Centro Asistencial me dijeron que le habían administrado
oxigeno puro para despejar las vías respiratorias, que
le extrajeron sangre para los análisis, y le conectaron
un tubo intravenoso con glucosa y una solución salina acompañado
de dextosa-tiamina y Valium.
Autorizado para verle, pasé a la sala –Me impactó.
. . le observé atentamente. . . de vez en cuando su respiración
se vuelve más lenta e incluso experimenta una “apnea”
que es un breve período sin respirar escasos segundos que
provocan una reacción involuntaria y jadea para respirar
aire acompañado de fuertes ronquidos.
El médico tratante se me apersonó y me dijo que
el alcohol pudo haber llegado a matarlo si el estado semicomatoso
es demasiado profundo y no puede vomitar la toxina- . . si esto
sucede, el vómito se aspira e inunda los bronquios con
una barrera líquida que le impide respirar. . la médula
cerebral que gobiernas las funciones automáticas se adormecen
y viene la muerte.. .
Pero Jerónimo se salvó. . Pudo superarse y por lo
que sé, comenzó un tratamiento en una institución
llamada “Alcohólicos Anónimos”
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| LA
EXCURSION - Jazmin |
En
una Escuela Rural muy pobre se les ocurrió a la Maestra
y a los alumnos realizar una excursión, pero no sabían
de dónde sacar el dinero para pagar el ómnibus.
Pensaban ir a la ciudad de Montevideo aunque les resultaba costoso
el viaje juntos decidieron que los niños venderían
números de rifa para así poder obtener el dinero
necesario. Al largar la rifa sucedió que el vecindario
no respondió como se esperaba, y no se alcanzaba a la cifra
requerida.
Los niños habían perdido las esperanzas de poder
realizar el paseo ¡era imposible!
La Maestra quería lograr la concreción y alentaba
a sus discípulos repitiéndoles día a día
que no se dieran por vencidos.
Estos habían descartado todas las posibilidades y solamente
les quedaba una: realizar una carta para enviarla a la Inspectora
pidiendo que ésta hiciera lo posible para facilitar el
pago.
Al día siguiente plantearon a la Maestra la idea y esta
estuvo conforme. Realizaron la solicitud y la hicieron llegar
con uno de los padres que iba próximo al lugar donde la
Inspectora trabajaba.
Pasaron los días, semanas y cuando nada esperaban, recibieron
las respuestas a la petición. Se les decía que se
les podía conseguir el efectivo faltante, he iba a inscribir
a la escuela para todos los paseos del año.
Luego de diez días llegó un sobre, la Maestra tuvo
curiosidad y deseó abrirlo de inmediato pero esperó
a entrar a clase para hacerlo frente a todos y comunicar lo que
el contenido transmitía. Al hacerlo leyó con voz
emocionada, era lo inesperado: la autorización de la Sra.
Inspectora para que realizáramos el viaje y el cheque por
la cifra a pagar.
Los niños festejaron felices abrazados a su tenaz y querida
Maestra.
Aprendieron que con esfuerzo y esperanza se llega a un feliz resultado. |
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| LOS
TEROS DEL BAJO - MICHON ...Primer Premio... Categoría Escolares |
Desde
que los oí cantar en el bajo, junto a la cañada,
supe que estaban buscando un lugar para realizar su nido.
Mi curiosidad inmediatamente se vio sacudida por la actitud de
estos hermosos ejemplares de tero y comencé a observarlos
por la ventana todas las mañanas.
Por las tardes, al volver de la escuela, me acercaba sigilosamente
para desde lejos mirarlos con tranquilidad y que ellos no se asustaran.
Mientras tanto los días pasaban y el frío del invierno
se hacía cada vez más intenso. Ni los ceibos ni
los sauces mostraban su antiguo esplendor y los pastos del bajo
estaban duros y amarillentos. Solo los dos guardianes mostraban
que la vida continuaba. . .
Un día de domingo, mientras observaba por la ventana del
comedor la gran helada que cubría el campo, vi a mis dos
amigos en una actitud sospechosa, parecían cuidar algo
muy especial. Enseguida me puse las botas y salí a investigar.
Los pequeños animalitos revoloteaban a mí alrededor,
presa de pánico. Eso me daba la certeza de que algo escondía.
En algún lado tenía que estar el nido.
Mi búsqueda comenzó a ser minuciosa, revisé
el bajo palmo a palmo (yo tenía que encontrar el escondite
de cualquier forma). A esta altura me había convertido
en una especie de explorador que quería encontrar el nido
de cualquier forma. Pero ¿Cuál era mi verdadera
intención: proteger o destruir?
Tres días duró mi búsqueda hasta que en la
tardecita del tercero lo descubrí. Estaba en un pocito
hecho por una pisada de vaca. Los papás, aterrorizados,
emitían sus agudos gritos, entonces sentí que mi
obligación era cuidarlos; conté los huevos sin tocarlos,
eran cinco, y me fui.
A partir de ese día comenzó mi tarea de padre protector
de aquella familia.
Todo iba muy bien hasta que una tarde, cuando volvía de
la escuela, vi que mi padre araba el bajo. No llegué a
la casa. Al costado de la cañada dejé la mochila
y, sin sacarme la túnica, corrí a ver a mis protegidos.
¡Se habían salvado! ¡Los cinco huevos aún
estaban allí!
Mi padre me ayudó a marcar el lugar ¡El nido se había
salvado de milagro! Desde ese momento comencé a vigilarlos
con la certeza que pronto nacerían los pichones ya que
sus padres, convertidos ahora en mis amigos, se mostraban cada
día más nerviosos.
Nos preguntábamos si nacerían todos y hasta hacíamos
apuestas.
Una tarde, después de la escuela, me acerqué sigilosamente
al nido. ¡Allí no había nada! me desesperé
pero luego comprendí: los pichones habían nacido.
¿Dónde estarían?. Los busqué pero
no los encontré.
Un poco apenado entré a casa, me preparé la leche
y seguí mirando por la ventana. De pronto percibí
un leve movimiento entre los terrones, luego otro y otro más.
Los teros cantaban alborotados ¡Allí estaban! Pude
contar tres.
Supuse que los otros dos no habían sobrevivido, mi padre
dijo que eso era natural. Sin embargo, al otro día los
vi a los cinco. Corrían constantemente detrás de
sus padres. Tenían unas patas muy largas y su cuerpo estaba
cubierto por una suave pelusita.
Me sentí el más feliz de los niños. Mi familia
adoptiva estaba intacta. Mi tarea como protector culminaba. Ahora
la naturaleza haría su trabajo. |
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| MARTES
TRECE - SUREÑA |
En
un paraje del departamento de San José muy cerca de la
ciudad de libertad en una conocida estancia, sucedió esta
historia por ser graciosa no deja de ser trágica.
Era una calurosa noche de verano con un cielo estrellado al no
haber nubes se veía muy hermoso.
Entre el canto de los grillos y la luz de las luciérnagas
Juan, Jesús y José recién llegados al lugar,
luego de arreglar todo para el día siguiente comenzar el
trabajo temprano, después de cenar se acostaron a dormir
y descansar, al otro día los esperaba un trabajo agotador,
comenzarían a enfardar paja de trigo el cual había
sido trillada unas semanas antes.
Fabricaron sus camas con paja y se acostaron tapando sus cuerpos
con sabanas blancas para protegerse de los mosquitos.
Como había mucho calor Juan y José no se habían
dormido cuando José oyó los cascos del galopar de
un caballo comunicándole, a Juan lo que acababa de oír.
Era un peón de la estancia que regresaba del pueblo cercano
que al ver algo blanco al pie de la parva de paja se asombró,
ya que en dicho lugar cuando el salió no vio nada anormal.
Al no poder distinguir que era lo blanco, se bajó del caballo,
lo ató en el alambrado y comenzó a caminar muy despacio
hacia el lugar de referencia.
Cuando los enfardadores notaron que una persona andaba en el lugar,
se taparon hasta la cabeza con las sábanas.
La curiosidad del hombre por saber que había debajo de
esas telas, pero al inclinarse para levantar la misma no sospechó
que debajo había un hombre. El enfardador al sentir que
levantaba la sábana se sentó de pronto preguntado
¿Qué andas haciendo muchacho?
Al sentir a su compañero el que dormía despertó
furioso y rogó a estos que lo dejaran dormir tranquilo.
Al sentir esto y sin saber de donde provenían las voces
el peón montó presuroso su caballo y dando un fuerte
latigazo al mismo salió a toda carrera mientras Jesús
casi a los gritos exclamaba ¡Que horas de molestar!
Después de ocurrido esto, los tres quedaron comentando
lo ocurrido ya que esto no lo tenían planeado ni en sueños.
Que nochecita sugirió Juan.
Escucha. . . escucha, todavía se siente el pobre animal
huir a toda carrera dijo José.
Si se da cuenta que fecha es hoy no sale nunca más un martes
trece comentó Juan. No se habían acallado los comentarios
cuando se escucharon voces que se acercaban y claramente se podía
escuchar el dialogo que traían.
Por la voz fácil se dieron cuenta que uno era el capataz
de la estancia y por lo que hablaban otro debía ser el
peón que una hora antes pasara por el lugar.
-¿Decime Aparicio (preguntaba el que era para los tres
hombres el capataz) que fue lo que realmente viste porque hasta
ahora solo as tartamudeado y nada me has dicho en concreto.
-Ya. . . ya. . . ya. ..le dije vi fantasmas.
-Estas loco ¡fantasmas! Tú crees en fantasmas, y
rió burlón el capataz.
-Hasta hoy no creía pero hoy los vi con estos ojos.
-Aparicio no agrandes las cosas
-Patroncito, uno me dijo que andas haciendo borracho.
-Y no estarías borracho para ver y oír esas cosas.
-Otro con voz muy ronca me gritaba, vení a dormir conmigo,
y luego me pareció que me venían corriendo. Hay
patrón nunca me había pasado nada igual y eso que
yo soy un hombre de mucho coraje.
Este dialogo lo escucharon los tres hombres y por el mismo se
dieron cuenta que el realmente se había asustado de lo
que los enfardadores habían dicho con tanta naturalidad.
Estos en pocos minutos programaron una broma para cuando los dos
hombres estuvieran más cerca de ellos.
Prepararon unos huecos en la parva y se escondieron esperando
el momento, para salir tapados con las telas haciendo ademanes
y lamentándose como si esos lamentos vinieran del más
allá.
Y el momento esperado llegó
El primero que los vio fue el peón al verlos gritó
los fantasmas y dando media vuelta a su animal salió a
toda carrera. Cuando el encargado quiso mirar a su empleado este
ya estaba a varias cuadras del lugar.
El capataz un hombre mayor y más experimentado no le creyó
nada al joven y se acercó un poco más para saber
que era lo que realmente había visto el joven. Miró
para todos lados y no vio nada anormal pero en le momento escucho
un voz decir. A este vamos ya.
Oír esto y montar su caballo fue cosa de unos segundos,
saliendo a toda carrera en su caballo gritando. Espérame
no me dejes solo Aparicio.
Y así terminó una noche que comenzó un martes
trece y terminó en los albores de un miércoles catorce.
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| MI
PERRO CHIVO - LA ROSA |
Un
día fui a pasear al lugar donde cumple tareas de campo
mi papá.
Alí conocí a un perro blanco y pequeño llamado
“Chiquito”.
Con el tiempo, a mi padre se le ocurrió cambiar su nombre
por otro parecido “Chivito” y desde ese día
respondió a ese llamado.
Yo le nombraba –“¡Chivito!” y él
venía hacia mí corriendo y moviendo la cola.
Un día a mi hermano Nicolás se le ocurrió
llevarlo a pescar para que le hiciera compañía y
protegiera sus cosas.
Aprontó los anzuelos con carne y . . .Chivito robó
uno con tan mala suerte que se lo clavó en la boca, aullaba
dolorido y Nicolás no sabía que hacer.
Luego mi padre le pudo quitar el anzuelo pero no ¡la carne!.
Para nosotros fue muy triste verlo sufrir mirándonos con
angustia en señal de ayuda con sus ojos lastimeros.
Hoy, Chivito es un perro que juega con nosotros, no cuida y siempre
que puede hace fiestas.
¡Por nada del mundo me separaría de él!
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| ¿QUIERES
HACERLO TU? - LINA ...Mención... Categoría Adultos |
Era
tan diminuto que solo podían caber: doce lágrimas,
tres lentejuelas, dos caracolitos, una perla y ¡nada más!.
Nadie sabía de dónde ni cómo llegó
a la casa
Cuando la abuela Paca heredó de su padre la vetusta vivienda,
el ya estaba allí en un antiquísimo costurero laqueado
oscuro e importante. Este contenía: una tijera mediana,
liviana, de punta roma, bastante oxidad, por tanto su vida útil
había terminado como en la vida terminan; ¡tantas
cosas!; dos carreteles de madera, cilíndricos, algo pesados
mostrando unas pocas vueltas de hilo cadena rojo y verde.
De todos estos objetos, el único que le llamó la
atención a la anciana fue el dedal, es que éste
tenía un atractivo, un ¡no se qué! Que ella
no sabía de descifrar.
Cuando por vez primera abrió el costurero luego de ojear
lo existente fue lo único que quiso rescatar de allí.
Lo sacó de su encierro y sacó de inmediato con un
¡paff!, seco, que a nadie estremeció.
Luego le dio brillo con una franelita humedecida en pasta dental
Kolynos (alguien le había dicho que este era un buen procedimiento
para limpiar metales).
Lo frotó con esmero primero y luego con frenesí,
lo hizo con tal fuerza que el dedal parecía adelgazar a
medida que adquiría gran luminosidad, hasta el Lucero del
Alba podría envidiar tanto brillo.
Después, lo colocó como un trofeo más en
una repisa de finísimo vidrio con otras miniaturas pero
el ocupó el primer lugar debido a su dimensión.
El destino de la minúscula pieza parecía estar allí
como objeto decorativo, pero. . . un día alguien llamó
a la puerta de la abuela Paca, era un comprador de antigüedades,
gordito, bajo, pelado de bigotes, con ojos pequeños y muy
vivaces, ellos mostraban que era una persona sagaz para los negocios.
Vestía con pulcritud un traje oscuro con doble abotonadura
y solapa ancha, completaba su atuendo una llamativa corbata con
brillo y colores nada convencionales. . . en su mano derecha llevaba
un maletín de cuero tan sobrio como él.
Cuando la anciana le preguntó que era lo que deseaba le
contestó que venía informado de que en esa casa,
su moradora, vendía objetos antiguos y estaba interesado
en la compra de algunos de ellos.
La mini exposición estaba ahí nomás, a la
entrada y el de un solo vistazo captó la presencia del
dedal y de inmediato hizo su oferta ¡señalándolo!.
La abuela Paca lo tomó y pensó: una dos y la tercera
vez dijo: -¡No! ¡No lo vendo!. Su voz era tan rotunda
que el vendedor ante la negativa tajante marchó como había
llegado, sin nada o peor, con un dejo de derrota. Ella, luego,
lo volvió junto a sus otros pequeños compañeros,
lo depositó son ruido, suavemente y con alegría.
Lo miró y le dijo: -Este es tu lugar junto a los tuyos
que te quieren, este espacio es solamente para ti, nadie más
puede ocuparlo como tampoco quedar vacío.
Lo miro otra vez detenidamente y como si él tuviera oídos
se acercó más y más susurrándole:
-Algún día descubriré pequeño cono
truncado cual es tu verdadera esencia, que es lo que hay en ti
que pese a tu tamaño tiene tanta fuerza. . . Lo descubriré
pero si no lo logro, le pregunto a quien lea este cuento ¿QUIERES
HACERLO TU?
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| REGRESO
- NIGAMA ...Primer Premio... Categoría Adultos |
La
tormenta desatada aquella tarde complicaba las cosas, ni las mil
tareas por hacer me alejaban del nerviosismo que me provocaba
el regreso a mi pueblo natal después de 20 años
de ausencia. Me detuve a pensar en el día que partí
y todo ese tiempo me pareció un instante.
Iba a realizar una nota para la revista donde trabajo como periodista,
sobre costumbres y estilos de vida de los pequeños pueblos
del interior del país. Volvieron a mi mente los recuerdos
de entonces, me sentí tremendamente feliz.
Con 18 años recién cumplidos partí a continuar
estudios superiores en la capital, con la arrogancia propia de
la juventud, etapa donde el pueblo queda chico, con el equipaje
lleno de sueños para realizar. Luego, con los años
esa arrogancia se vuelve rutina y resignación.
Mi vida en el pueblo era muy simple, por aquel entonces todo era
así, hija única de un matrimonio mayor, muy mimada,
quien no pudieron resistir la tentación de acompañarme
a la capital cuando tuve que partir.
En la gran ciudad conseguí el éxito. Con el título
recién obtenido gané el primer puesto de trabajo
en la revista. Gano bien, vivo holgadamente, logré bienestar
material y status social. Todos esos recuerdos vinieron a mi mente,
casi no me permitieron conciliar el sueño, que tanto necesitaba.
Por fin llegó el día de la partid, a las seis de
la mañana luego de un desayuno liviano, tomé mi
auto y partí. Ya tendría tiempo en el viaje para
poner mis pensamientos en orden.
Hice una sola parada en el camino para tomar un café y
despejarme un poco, y al mediodía, llegué.
Una rara sensación se apoderó de mí, me invadió
enseguida un sentimiento de pertenencia hacia ese lugar. Me recibió
una hermosa avenida con un coqueto jardincito separando sus dos
vías. Antaño, esa misma calle era de pedregullo
y transitarla significaba un baño de tierra. Terminé
mi recorrido en la muy querida plaza, donde en otros tiempos no
reuníamos con los amigos a charlar. A su alrededor se ubican
las oficinas más importantes del pueblo y las residencias
de las familias más acomodadas, que custodian tan preciado
tesoro. Todo lucía impecable y cuidado.
Mi memoria evoca las fiestas de la escuela, en esa misma plaza,
los niños con las túnicas blancas y moñas
azules, preparados para cantar el Himno Nacional.
El regreso a mis raíces, a ese ambiente de paz y tranquilidad,
donde el reloj se detuvo me pareció un sueño. De
pronto una voz infantil me sacó de ese éxtasis,
y volví a la realidad como si me hubieran dad un sacudón.
-Buendía señora, Ud. no es de acá ¿no?
La respuesta se hizo esperar, pues si decía que si, iba
a desconcertar al muchacho.
-Estoy buscando una hotel, me puedes decir dónde hallar
uno?
-¿Hotel?, aquí no hay, porque nadie vive por estos
lados, si quiere puede hospedarse en lo de Doña María,
que alquila piezas.
-Si puedes acompañarme sube al auto.
-Con gusto lo haré
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Francisco, pero todos me dicen Pancho.
Entre charla y charla, llegamos a lo de doña María,
una señora de cierta edad, muy simpática. Luego
de ponernos de acuerdo en el precio del alojamiento me ubiqué
en una cómoda habitación. Una ventana a la calle
me permitía ver todo lo que ocurría en el exterior.
Un grupo de curiosos no se había perdido detalle de mi
llegada, preguntándose tal vez quien sería, y que
vendría ha hacer a su pueblo.
La habitación era amplia, muy limpia, en el centro una
gran cama antigua y una mesa redonda, con un mantelito blanco,
bordado por la dueña de casa, sobre el que lucía
un gran ramo de flores frescas.
Hicimos buena amistad con doña María, quien había
sido amiga de mis padres y me conocía desde la infancia,
y se enteraba ahora de sus fallecimientos, luego me puso al día
del acontecer del pueblo.
Pasaron los días en que trabajé mucho, en un clima
de paz que hacía tiempo no sentía. A punto de finalizar
mi trabajo, el día de la partida se aproximaba.
Ese ambiente bucólico y refrescante había calado
hondo en mi., tanto que no estaba segura de querer partir, todo
me hacía sentir bien, el aire fresco, el permanente aroma
de las flores y la calidez de la gente. Me costó mucho
preparar mi equipaje, pero tenía que marchar, ¿y
si todo aquello fuera un espejismo que lugar se diluyera en la
nada?
Recién llegada a la capital, la ciudad se me vino encima,
como una fiera enloquecida, los ruidos ensordecedores, los olores
asfixiantes, y aquellas multitudes desconocidas chocando permanentemente
en las calles, me provocaron un intenso dolor de cabeza. La gran
ciudad ofrece muchas oportunidades, pero poco a poco va endureciendo
a la gente, transformándola en una pieza más de
esa máquina gigantesca, donde pierde la individualidad,
para ser una pequeña parte del todo.
Los días transcurrieron sin novedad, pero interiormente
me sentí diferente, algo había cambiado.
Sin vacilar demasiado, súbitamente lo decidí
Cuando le comuniqué a mi jefe la idea de ir al pueblo,
me dijo si estaba demente, pero mi insistencia fue que terminó
por aceptar, pero con una condición:
-Te vas por seis mese, a hacer un informe completo sobre las zonas
rurales, y luego veremos si te quedas tan a gusto y para siempre.
Y así fue como recibí mi vejez en este rincón
apartado y tranquilo, desconocido para muchos, y redescubierto
para mí.
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| SOBEO
VA SOBEO VIENE - PAJARITO ...Segundo Premio... Categoría
Escolares |
El
domingo amaneció radiante. Había yerra en el campo
de Pichirica. Los pialadores fueron llegando. . .
La mañana transcurrió sin alteraciones. Se oían
gritos, corridas, carcajadas. El olor a asada inundaba el lugar
y llegaba más allá del arroyo.
Los gauchos se arrimaron al fogón, colgaron los sobeos
y se pusieron a comer.
Calengo y Gramilla engancharon sus lazos en un roble viejo.
Después de comer y tomar “algo” llegó
la hora de la diversión. Entonces, tomaron los torneados
y se pusieron a pialar.
Gramilla erró el pial y dijo: -éste no es mi sobeo.
Todos guardaron silencio y él pensó que le estaban
gastando una broma, por lo tanto estalló en cólera
diciendo: -¡el que lo tenga, a facón lo vamos a arreglar!
Después, le echo el ojo a Calengo y señaló:
ese es mi sobeo.
Pichirica interrumpió: -átenlos de tobillo a tobillo,
que se van a pelear por una pavada.
-¿Por qué no lo definen pialando, como buen paisano?-
pregunto Piconiza.
Gramilla, rojo de rabia, tomo el sobeo y tiró un pial.
Después le toco al bueno de Calengo. Y así estuvieron
un largo rato sin definir nada. Gramilla seguía furiosos
pero Calengo, nunca perdió la calma ni la sonrisa.
A la noche, se acercaron al fogón; Calengo, ensilló
su caballo y agarró el sobeo para irse. Pero Gramilla le
gritó: -no se lleve mi sobeo- con tono amenazante. Calengo,
riéndose, se lo dio y se fue al tranco, manso . . .
Gramilla, fue al viejo roble, en busca de su recado y allí
vio, con asombro, su sobeo colgado, donde él mismo lo había
dejado. Entonces, regresó al fogón y un tanto avergonzado
dijo: -la pucha, me quedé con el sobeo de Calengo, ¿y
ahora qué hago?
Pichirica le saltó encima diciendo. Viste porfiao, siempre
armando lío. Ahora, a mi yerra no venís más.
Se dio vuelta para indicarle la salida y vio a Calengo (que había
vuelto), tranquilo, sentado sobre su moro, afirmado en un solo
estribo.
-No se preocupe, Pichirica- dijo. Yo sabía que solito lo
iba a encontrar, por eso vine.
Entonces Gramilla, le entregó el suyo, monto a caballo
y le palmeó el hombro. Le dijo algo, bajito y Calengo hizo
un gesto de: no pasó nada.
Y juntos, como habían llegado, se perdieron en la oscuridad
de la noche.
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Se
publicaron todos los cuentos que participaron en el concurso por
orden alfabético. |
Agradecemos
a todos por haber participado. |
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